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Martes 25 Enero, 2011


Con la figura del inspector tributario ad hoc, bien implementada, “nadie se la jugaría” a insinuarle a un cliente la posibilidad de ser cómplice del delito fiscal de evasión

¿Con factura o sin factura?

Controlar la evasión fiscal… una tarea que todos los gobiernos tratan de evadir.
Me encontré a un inversionista norteamericano que ama Costa Rica desde que la conoció y que desea pasar sus años de retiro, entre naturaleza y ese clima de paz que hace a este país diferente.
Nos vimos varios meses después y me sorprendió cuando señalaba que en este país es todo un “deporte” evadir el fisco y que ellos no estaban acostumbrados a esa forma tan abierta y aceptada por los ciudadanos, que al momento de pagar por bienes o servicios recibidos, le lanzan la siguiente pregunta… ¿con factura o sin factura?
Ese mismo extranjero me señalaba que ya entendía por qué en este país los caminos están tan abandonados y por qué los profesionales se resisten a aceptar tarjetas como medio de pago, y enseguida me puso un ejemplo de la forma fácil en que en muchos países desarrollados se ha implementado la figura del inspector tributario ad hoc, que ayuda mucho a reducir la evasión fiscal.

¿En qué consiste el inspector tributario ad hoc? Son honorables ciudadanos costarricenses de comprobada rectitud moral, reclutados por Tributación Directa y que en forma anónima se mueven entre los comercios comprando bienes y servicios. En aquellos comercios donde los vendedores hacen insinuación de dar un precio diferente si se paga de contado, los honorables inspectores presentan la denuncia a Tributación Directa y de inmediato un grupo de funcionarios inspeccionan al negocio evasor y de comprobarse la misma, ellos reciben un porcentaje del monto defraudado.
Con esa figura bien implementada, “nadie se la jugaría” a insinuarle a un cliente la posibilidad de ser cómplice del delito fiscal de la evasión y de no pagarle al fisco lo que corresponde; todo para que ese evasor se enriquezca más a costas de los que sí cotizamos y pagamos nuestros tributos.

Mynor Retana C.
Ingeniero
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