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Con Sumo
Genoma y estilo de vida

Carmen juncos
cjuncos@larepublica.net

Soy de la opinión de que entre las cosas que consumimos las más importantes, y a las que deberíamos prestar la mayor atención, son la alimentación, el aire y las emociones.

Usted dirá: ¿cómo es eso de que consumo emociones? Sí, consumimos a diario emociones propias y ajenas que según explican los estudiosos nos afectan la salud. Y aunque no siempre, en muchas ocasiones podemos elegir aquellas emociones que queremos consumir del mismo modo que seleccionamos los alimentos y bebidas cuando vamos al súper.

Cuando alguien me adelanta mal con su carro en la calle, puedo ponerme furiosa y lanzar un insulto o seguir con tranquilidad y pensar “ojalá este imprudente no se dañe a sí mismo ni a los demás” me alegro de no ser como el (o ella). Las emociones que sentiré en uno u otro caso serán opuestas y sus efectos sobre mi organismo también, al igual que si consumo violencia o no en la TV o el cine.

Si no podemos cambiar el ambiente en que vivimos, sí es posible escoger lo mejor y cambiar la forma de recibir todo aquello que no es bueno pero que no podemos evitar.

Después de todo, el ambiente es importante para no adquirir ciertas enfermedades, aun si estamos genéticamente predispuestos hacia ellas. Así lo confirma el científico Joan Massagué, un español que trabaja desde 1978 en Estados Unidos y acaba de obtener el premio Fronteras del Conocimiento en Biomedicina de la fundación BBVA, dotado con 400 mil euros.

Massagué dice: “Existe consenso sobre que gran parte de las metástasis (en el cáncer) se deben a cambios genéticos relacionados con el ambiente y el estilo de vida”, aunque aclara que “todavía no se sabe suficiente como para hablar de casos concretos”. Puede ser mucho lo que está en juego si no elegimos bien.
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