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Cancún: pueblo de día y ciudad de noche

La localidad ubicada en el Estado de Quintana Roo, México, está decidida a vivir del turismo y la fiesta, pues por mucho son las áreas en las que no escatima infraestructura ni inventiva

Israel Aragón
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Ubicada en el copete de la Península de Yucatán, al sureste de México, la ciudad balneario de Cancún se caracteriza por su experiencia en sacar de la rutina laboral a los ejecutivos, profesionales y cualquier otra persona en capacidad de pagar lo que esta meca de la fiesta tiene para ofrecer.
Para lograrlo no escatima inventiva, inversión ni infraestructura. Es la ciudad mexicana con más habitaciones, pues cuenta con más de 25 mil distribuidas en cerca de 140 hoteles, de los cuales la selección más fina se encuentra en la llamada “zona hotelera”.
La estrategia de Cancún incluye chistes por parte de los botones mientras se sube hasta la habitación del hotel, varias decenas de discotecas, bares, centros comerciales e innumerables tiendas, donde se puede encontrar todo tipo de mercadería, desde cualquier réplica de artesanía del Mercado Central hasta el fino arte de la cultura huichol.
También cuentan con pequeños quioscos en la zona hotelera, instalados cada 100 metros alrededor de los inmuebles, donde jóvenes de piel playera se pasan el día “pescando” turistas para sus paquetes de tours. Estos incluyen visitas a parques como el Hel-Ha o Xcaret, o la popular Isla Mujeres, una lengua de tierra a 6 kilómetros de la costa de Cancún densamente poblada de albergues.
El visitante es recibido por un aeropuerto sin mangas pero con mucho cuerpo, pues los viajantes se desplazan en buses entre el avión y una terminal por la que transitan 10 millones de viajeros cada año. Esta cifra lo convierte en el segundo puerto aéreo de mayor tráfico en México, superado solo por el del Distrito Federal.
No más saliendo de la terminal, no faltará quien le ofrezca transporte hasta el destino final de su estadía, eso sí, por una módica suma que puede rondar los $6 el kilómetro, si escoge un taxi, o los $4 si se decide por un colectivo.
Si Cancún no se anda con miserias para ofrecer descanso y fiesta, es un hecho que tampoco las permite en sus visitantes.
Las comidas pequeñas y “bocas” difícilmente bajarán de los $10 más bebida, y se debe ofrecer propina a cada persona que preste un servicio.
Si por la noche decide tomar un taxi es preferible que verifique antes a qué distancia se encuentra su destino, pues podría darse el caso de que termine dando vueltas a la cuadra y que el chofer cierre el tour con una cálida expresión: “son $15”.
El paisaje está saturado de hoteles-edificios bordeados de un mar esmeralda claro, potenciado por arena blanca tan fina como la sal.
También lo componen un cielo celeste revitalizante, uno igual al que tanto se extraña en el país por estos días; luminosos anuncios comerciales y miles de turistas que disfrutan de sus vacaciones ante el mirar curioso de pequeños indígenas, quienes a lo largo de casi una cuadra buscan la forma de colocarles coloridas pulseras hechas a mano.
Pero el verdadero Cancún se levanta bien entrada la noche. La noche se inicia con ritmos al compás del corazón, que conforme avanza la noche se empiezan a acelerar, también con el corazón.
Las discos abren entre las 11 p.m. y la medianoche. Para entonces las poco transitadas vías se saturan de vehículos y las aceras de filas de hombres y mujeres ansiosos de que empiece aquello “a lo que vinieron”. Pocas horas antes resulta impensable que en aquella ciudad hubiera tanta gente.
El ambiente festivo es tan ecléctico que en una disco no resulta extraño ver a un joven, con su camisa de Kiss, bailando al lado de una anciana haciendo girar su silla de ruedas.
La música y las bebidas alcanzan hasta cerca de las 4 a.m. hora en la que quienes aún tengan fuerza se dirigen a la playa en espera de que nuevamente salga el sol, para que una vez más Cancún se vaya a descansar.


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