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Brasil a segunda vuelta electoral

La candidata oficialista DilmaRousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), lidera el escrutinio para la Presidencia brasileña, con el 45,51% de los sufragios, cuando se ha contabilizado el 87% de los votos emitidos, según el Tribunal -Superior Electoral (TSE).
En segundo lugar se mantiene el opositor José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que obtiene el 33,28%.
El tercer puesto es para la aspirante del Partido Verde (PV), Marina Silva, con el 20,04% de los votos, agrega el balance parcial del TSE.
Con esta tendencia, la Presidencia se definirá en una segunda vuelta el 31 de este mes entre Rousseff y Serra.
Estos resultados se obtienen tras un intensa jornada en la que ni la lluvia que afecta estos días a gran parte del territorio brasileño no impidió que ayer el electorado saliera en masa a las calles para elegir al sucesor de Luiz Inácio Lula da Silva y otros cargos públicos, un derecho constitucional que en este país es obligatorio.
Los colegios electorales abrieron sus puertas a las 8 a.m. hora local para acoger a los electores más madrugadores y cerrarán a las 5 p.m. (hora local) cuando empiece el recuento de votos de las 483 mil urnas electrónicas repartidas por todo el país.
La Escuela Municipal Roma de Copacabana, en Río de Janeiro, se convirtió desde primera hora de la hoy en un colegio electoral donde centenares de votantes hacían cola para sufragar por los cargos de presidente, gobernador, senador, diputado federal y diputado estatal.
Puesto que en Brasil los candidatos políticos se presentan individualmente ya que no existe una lista de partido, la mayoría de los votantes se presentaba con una “cola”, una chuleta con los números de sus aspirantes apuntados para poder introducirlos en la urna electrónica.
Cada elector debe votar seis veces: primero para diputado regional, luego para diputado federal, enseguida para la primera opción para el Senado, segunda opción para el Senado, gobernador y, finalmente, para presidente de la República, proceso que en, media, consume un minuto y mucha atención del votante para teclear los números correctos.
Cerca de la sala de votación, había otro espacio donde los brasileños que se encuentran fuera de su ciudad de empadronamiento justificaban la omisión de su voto.
Al ser obligatorio el sufragio, estos ciudadanos deben justificar su ausencia el día de las elecciones bajo pena de multa o de pérdida de ciertos privilegios civiles, como la imposibilidad de inscribirse en un concurso público o de obtener el pasaporte.
El gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral, que opta a la reelección por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), acudió a votar a Copacabana rodeado de cámaras y periodistas.
Mientras algunos electores enardecidos celebraban los logros olímpicos de Cabral y le deseaban suerte en la reelección, otros se mostraban molestos con el revuelo provocado, mientras la directora del colegio electoral acusaba el estorbo que impedía a los ciudadanos votar con normalidad.
Fuera del recinto, agentes de la policía se encargaban de que nadie repartiera propaganda electoral a última hora, un delito calificado como “crimen electoral” que puede castigarse con una multa de hasta 16 mil reales (unos $9.390) y un año de prisión.
En el aire, la duda sobre quién sucederá a Lula al frente de los destinos del país que ha gobernado durante ocho años, una decisión en manos de 135,8 millones de electores.
Aunque todavía no está claro si será preciso recurrir a la segunda vuelta, que tendría lugar el próximo 31 de octubre, la mayor parte de las encuestas indica un más que probable triunfo de la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, apadrinada por Lula.
“Votamos por Dilma pensando en la continuidad del Gobierno de Lula, por todo lo que conquistó y con la esperanza de que todo eso continuará con ella”, aseguró una votante a EFE.
Sin embargo, el sector más crítico del electorado señaló la falta de ideas de los presidenciables durante toda la campaña electoral y la falta de un candidato sobresaliente con el que identificarse.
La campaña presidencial ha sido tan insípida que de los tres principales candidatos, solo la verde Marina Silva presentó un escueto programa de Gobierno. Rousseff se limitó a repetir que será la continuidad de Lula, y el opositor José Serra, a lanzar propuestas según el público al que se dirigía.
“No hay ninguno que me convenza porque ninguno está comprometido con las necesidades del país, con el pueblo... solo tienen en cuenta sus propios intereses”, declaró otro elector, quien criticó los numerosos casos de corrupción desvelados durante la campaña.
Según el Tribunal Superior Electoral (TSE), el recuento de votos electrónicos terminará cinco horas después de cerrar los colegios y los brasileños esperan que se mantenga la buena marcha de la economía registrada por el país durante las últimos años, sea cual sea el sucesor de Lula.

Río de Janeiro / EFE
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