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Blanda aventura prehistórica

• Más allá de los efectos especiales, no hay mucho que destacar en esta enésima extravagancia hollywoodense

“10.000 a.C.”
(10.000 B.C.)
Dirección: Roland Emmerich. Reparto: Steven Strait, Camilla Belle, Cliff Curtis, Joel Virgel. Duración: 1.49. Origen: Nueva Zelanda-EE.UU. 2008. Calificación: 5.

Cuando se habla de “la magia del sétimo arte”, se acostumbra mencionar, entre otros factores, la capacidad que tiene el cine de capturar la imaginación del espectador y transportarlo a cualquier época y lugar.
En este sentido, “10.000 a.C.” representa una de las mayores decepciones de la temporada. Promete emocionar al público, mediante una saga de acción ubicada en tiempos remotos; pero al fin y al cabo, solo ofrece una blanda aventura prehistórica, que resulta poco creíble en sus requerimientos básicos de ambientación. Aquí tenemos a unos supuestos cavernícolas, que parecen más bien modelos de pasarela: atléticos, bronceados y dotados de una dentadura envidiable. Todos hablan un perfecto inglés, aunque algunos personajes (especialmente los villanos) utilizan un idioma raro, incomprensible.
El argumento es un pastiche de ideas recicladas: el comienzo recuerda “Conan el bárbaro” (1981) y lo demás es un extraño híbrido, a medio camino entre un refrito de “La era de hielo” (2002), con actores de carne y hueso; y una versión edulcorada de “Apocalipto” (2006).
El cerebro detrás de esta operación, comercialmente rentable y artísticamente fallida, es el cineasta de origen alemán Roland Emmerich, cuya carrera estuvo siempre marcada por grandes altibajos. A la par de válidos ejemplos de cine popular como “Día de independencia” (1996) y “El día después de mañana” (2004), realizó también unas cuantas muestras de chatarra fílmica como “Godzilla” (1998) o “El patriota” (2000).
“10.000 a.C.” se sitúa en el medio, proporcionando un entretenimiento sin pena ni gloria. Hay un par de secuencias bien espectaculares, pero en general, las emociones escasean, en la consabida odisea del guerrero D’Leh. El es un joven cazador de mamuts, quien se convierte en líder de su pueblo. Cuando misteriosos jinetes saquean su aldea y secuestran a varias personas, incluyendo a su prometida, D’Leh organiza una difícil misión de rescate.
Más allá de los efectos especiales, que a lo sumo alcanzan una calidad regular, no hay mucho que destacar en esta enésima extravagancia al estilo hollywoodense. En teoría, debería borrar por completo el recuerdo de los títulos similares que la precedieron, mas no es así.
Los amantes del género fantástico, seguirán prefiriendo “Un millón de años a.C.” (1967): pese a su ingenuidad, alcanzaba mayores niveles de diversión, gracias a unos bonitos trucos artesanales, a cargo de Ray Harryhausen, y a la presencia de la despampanante Raquel Welch, vistiendo un diminuto biquini.
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