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Dinero y más dinero público que se pierde por errores, falta de adecuados controles y de voluntad política para poner a funcionar bien al MOPT y su dependencia Conavi


Arreglos más caros que puente nuevo


Una de las tantas vergüenzas nacionales, que han decepcionado e indignado a los costarricenses en las últimas décadas, nos obliga hoy a volver sobre ella. Se trata de esa pesadilla de la que ningún gobierno nos ha ayudado a despertar: el ya tristemente famoso “puente de la platina”.
Una nota de este medio ayer nos dice que “los arreglos que se han contratado (para solucionar ese problema), no solo saldrán más caros que construir una nueva estructura, sino que ayudaron a restar popularidad al gobierno y (lo peor de todo) a poner en riesgo a la población más de la cuenta”.
Dinero y más dinero público que se desperdicia de modo inaceptable por errores de gestión, falta de adecuados controles o iniciativas para poner a funcionar como se debe al MOPT y su dependencia Conavi.
Desde luego que más fácil que arreglar todo lo anterior es pedir dinero prestado al exterior, en un intento de ir rellenando huecos (de todo tipo) que se reabren sin cesar.
Pero los costarricenses tendrán luego que pagar todo ese dinero perdido.
Desde 2009 venimos diciendo en este espacio, que “la Costa Rica eficiente para la productividad que construyeron gobernantes de otras épocas, creando una amplia red de carreteras y caminos de penetración por todo el territorio nacional y un sistema de transporte ferroviario, se ha venido abajo en las últimas décadas”.
El tren fue suprimido por políticas equivocadas. Las carreteras y sus puentes estuvieron sin mantenimiento y hoy arruinados por un MOPT debilitado y desatendido. Recordemos que los ingenieros y demás personal técnico no han sido más que ejecutantes de órdenes emanadas de jerarcas y de políticas implantadas por los gobiernos.
Todo esto no ocurrió ni ocurre por casualidad, o por algún capricho de la naturaleza. Ocurre porque así dirigieron y gestionaron los sucesivos gobiernos, quienes decidieron cambiar el modelo mediante el cual el país construía su propia infraestructura por otro de darla en concesión. Pero resulta que lo de las concesiones fue, igualmente, un desastre.
Mientras tanto, los contribuyentes deben seguir sosteniendo una planilla del MOPT, de funcionarios que no pueden, por razones que desconocemos, cumplir con su misión en materia de infraestructura.
Lo decimos y lo seguimos diciendo incansablemente porque esto es una verdad indiscutible a la vista de todos, aunque tengamos el silencio por respuesta ante esos cuestionamientos.
Lo peor de todo, sin embargo, son las negativas consecuencias que todo esto trae a la población, que arriesga su vida transitando por puentes que hace rato cumplieron su vida útil y al sector productivo, que tanto necesita de una buena infraestructura.
 

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