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Peligros y obstáculos atentan contra integridad de peatones
Aceras capitalinas sufren lamentable abandono
Poco presupuesto y negligencia de propietarios retardan soluciones

Los peatones que caminan por la ciudad de San José enfrentan obstáculos que incluso llegan a frustrar sus intenciones de trasladarse hasta un sitio específico.
En un recorrido por las céntricas vías utilizadas por los transeúntes, LA REPUBLICA comprobó una buena lista de problemas que complican el tránsito.
Encabezando la lista, la capital muestra una buena dotación de los conocidos chinamos —cajones de metal que obstruyen al menos la mitad de las aceras—, que convierten en embudos múltiples puntos de las arterias peatonales.
Uno de los ejemplos más claros de este problema, se nota en las aceras que rodean la Caja de Seguro Social. En cada esquina de esa cuadra, se ha autorizado el funcionamiento de un chinamo, que a todas luces dificulta el paso.
Otro de los padecimientos de las aceras del casco urbano, son huecos, cuyas dimensiones los hacen imposibles de sobrepasar, y que por ende representan una seria amenaza para quienes topan con ellos.
Evidencia de esta situación, es la acera sobre calle 9, entre avenidas 8 y 10. Un agujero de 80 X 80 centímetros, obliga a los peatones a evadirlo para evitar lesiones, viéndose agravada la situación por la señalización vertical existente, que disminuye aún más el espacio para transitar.
Para quienes en ruta al oeste de la capital, eligen caminar sobre la acera norte de la Asamblea Legislativa, verán truncadas sus intenciones de un paso libre y cómodo, al llegar frente al costado sur del Tribunal Supremo de Elecciones.
Allí, los ingenieros municipales se encargaron de reducir a escasos 30 centímetros, los casi tres metros de acera que están disponibles desde la esquina de la cuadra.
La ausencia de accesos para ciudadanos con limitaciones físicas, son una ficha más en el ajedrez de obstáculos para el paso de transeúntes, en el casco urbano.
Por ejemplo, si una persona invidente pretende terminar de cruzar la calle, en la esquina de avenida 6 y calle 1, mejor será que encuentre quien la auxilie, pues la ausencia de una rampa complica dar un paso seguro en ese punto.
Asimismo, para quienes se transportan en silla de ruedas, las aceras aledañas al Banco Central están prohibidas, pues los accesos brillan por su ausencia.
A todo lo anterior, se suman los casos de aceras que sencillamente han desaparecido, o están destruidas.
En la sexta avenida, específicamente entre calles 1 y 3, los trabajos que hace la propia Municipalidad de San José acabaron con la superficie que en otro momento facilitó el paso de peatones.
Si bien el combo de problemas relacionados con las aceras de la capital, es bien conocido por quienes deben solucionarlos, el faltante de recursos y la negligencia de propietarios terminan de complicar el panorama.
“Hay que tener claro que las aceras son responsabilidad de los dueños de inmuebles y la municipalidad —si es el caso— procede incluso con el remate de las propiedades para cumplir la ley.
Por otra parte, en el centro de San José ya no se dan permisos para chinameros; los que operan, es porque tienen derechos adquiridos. Asimismo, hay que tomar en cuenta que las aceras de San José son heredadas de tiempos coloniales y por eso el ancho promedio es de 1,5 metros, lo cual complica las cosas desde el arranque.
Solo en 2010 la municipalidad invirtió ¢500 millones en recuperación y construcción de 15 kilómetros de aceras y para este año tiene cerca de ¢700 millones presupuestados, pero eso no es suficiente”, aclaró Marco Vinicio Corrales, gerente de Provisión de Servicios, de la Municipalidad de San José.
Por su parte, los propietarios de lotes, edificios y locales no coinciden en todo con las autoridades.
“Somos conscientes de que las aceras deben estar en buenas condiciones, independientemente de quien deba construirlas y darles mantenimiento. Esa responsabilidad es precisamente un tema de discusión vigente entre los propietarios, pues no creemos que seamos los dueños de inmuebles, los únicos responsables”, arguyó Bernardino Bravo, presidente de la Cámara de Propietarios de Bienes Inmuebles.

Ernesto Villalobos
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