Nuria Marín

Enviar
Lunes 5 Marzo, 2012


Creciendo [email protected]
Rebeldes y exitosos

¿Existen algunos rasgos en las personas que nos permitan predecir su éxito empresarial? Esa era precisamente la pregunta que nos hacíamos un grupo de personas quienes tratábamos de propiciar emprendimientos en el país.
Y por esas casualidades o felices coincidencias me encontré con un interesante artículo de la revista TheEconomist en el que se comentaba sobre el libro: “WorldChangers: 25 EntrepreneursWhoChanged Business as WeKnewIt.”
El autor señala tres rasgos comunes entre estos empresarios que resultan interesantes de compartir, pues no solo nos pueden ayudar a detectar futuros éxitos empresariales, sino que nos llaman a la reflexión sobre la forma de educar a nuestros niños y jóvenes si queremos promover el empresarialismo como uno de los ejes estratégicos de nuestro proyecto país.
En primer término, estas personas ven oportunidades donde otros se concentran en los problemas. Cita el ejemplo de cómo Reed Hastings ideó Netflix luego de que tuvo que pagar una multa de $40 por el retorno tardío del vídeo Apollo 13, o la persistencia de Jeff Bezos fundador de Amazon, empresa que tuvo pérdidas sus primeros seis años y el mercado no dejó cruelmente de señalarle los problemas y escasas posibilidades de éxito.
Vale preguntarse: ¿cuántas veces se desincentiva desde nuestras aulas, hogares u organizaciones la creatividad e ideas de quienes las proponen al no darle crédito a una propuesta que se percibe como “imposible,” riesgosa, o descabellada por innovadora? ¿Cuántos Steve Jobs o Madame Curie habríamos tenido?
La segunda cualidad de estas personas, es la habilidad para tomar riesgos y lidiar con el fracaso. Los y las empresarias saben que el riesgo es inherente al éxito y están dispuestos a asumir con valentía y persistencia una amplia variedad de obstáculos e incluso el fracaso, como parte de su ruta a la implementación de su innovadora visión.
De ahí que vale preguntarse si estamos en lo correcto cuando erróneamente tratamos de “proteger” a nuestros hijos y estudiantes evitándoles el asumir riesgos y economizarles la sensación del fracaso. ¿No será que sin quererlo, les estamos cortando las posibilidades de desarrollar experiencias, formar autoestima y fortalecer su capacidad de resiliencia?
El tercer rasgo triunfador es la determinación de tomar control de sus vidas. En otras palabras, para estas personas es preferible fracasar como dueñas de su propia empresa que depender de la autoridad de otros.
Dato que resulta muy revelador y también llama a la reflexión en un sistema educativo que tiende a castigar la individualidad y que incluso los cuestionamientos respetuosos a la autoridad de parte de nuestros jóvenes no son bienvenidos porque dificultan el manejo de la colectividad.
Vale repensar nuestras actitudes hacia la rebeldía, la creatividad, la innovación y el “ser diferente,” características que si no son coartadas podrían hacer germinar exitosos emprendedores y emprendedoras que podrían refrescar y hasta revolucionar nuestro sistema productivo nacional.

Nuria Marín