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Portillos en reglamento legislativo permiten atraso de proyectos

Grillete espera al próximo presidente

Urge cambiar reglas del juego, para que aprobación de leyes sea eficiente

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Cambiar las reglas del juego bajo las cuales los diputados discuten los proyectos de ley es indispensable para que el próximo presidente tenga éxito en su administración.
De lo contrario, discutir una reforma fiscal, las reglas para las investigaciones médicas y la aplicación de la técnica in vitro —por citar algunas—, rebasarán la capacidad e intenciones del mandatario venidero.
Ese es el problema que aqueja al Gobierno actual, que topó con la oposición de minorías para avanzar en proyectos país urgentes, como los ya mencionados.
Fijar un plazo máximo de votación para los proyectos figura entre las soluciones que se podrían implementar, así las mociones no atrasarían la aprobación o rechazo de un proyecto de ley.
Esta es la reforma que necesitará el próximo presidente, para avanzar en temas en que los gobiernos anterior y actual fracasaron.
Otra medida sería aumentar el tiempo de discusión en comisión, para que las iniciativas lleguen con consenso por parte de los diputados, y lleguen con los votos necesarios al Plenario.
De hecho, estas técnicas resultan urgentes para el debate de la reforma al reglamento de la Asamblea Legislativa, y así cambiar las reglas del juego para que el proceso de aprobar leyes sea eficiente.
Esta propuesta está en un proyecto de ley que envió la presidenta Laura Chinchilla al Congreso, y que es parte de las recomendaciones hechas por los notables.
La actual iniciativa establece que los proyectos de ley deberán votarse en un año máximo.
Asimismo propone excepciones para que los créditos y préstamos se voten en seis meses, los nombramientos en tres y las reformas constitucionales en un máximo de dos años.
Solo así, el próximo presidente podrá resolver temas sensibles que suman varias administraciones sin conseguir un sí o un no definitivo.
Este entrabamiento se debe a la oposición de minorías, que pueden bloquear el avance de temas que tienen consenso y los votos necesarios para su aprobación.
El último caso se vivió con la ley de investigaciones biomédicas, contra el cual María Eugenia Venegas, diputada del PAC, interpuso 70 mociones, junto a otras de Rita Chaves, del PASE y Villalta.
El Acuerdo de Asociación con Europa también vivió un empantanamiento antes de su aprobación, cuando José María Villalta, del Frente Amplio, y Luis Fishman, del PUSC, lo cuestionaron.
Para desentrabar la negociación, el Gobierno debió ceder a la discusión de proyectos de interés para ambos legisladores.
También el proyecto de sociedades de convivencia enfrentó unas 500 mociones como medida de freno, presentadas en su mayoría por el diputado Carlos Avendaño.
Revisar una moción toma una media hora, en una comisión que se reúne solo dos horas por semana, lo cual hizo inviable la discusión.
Esa facultad para que un solo diputado bloquee la discusión de una ley va en contra de la eficacia del Poder Legislativo.
El derecho de enmienda permite a cualquier legislador presentar la cantidad de mociones que considere, con la única limitación que estableció la Sala IV, en el principio de conexidad, es decir, que las objeciones presentadas estén estrictamente relacionadas con la propuesta de ley.
Por tanto, y hasta que se reforme el reglamento, un solo diputado puede atentar contra la voluntad de los restantes 56, e igualmente poner un grillete al próximo presidente, en lo que al ámbito de acción se refiere.

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Luis Fernando Cascante
[email protected]

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