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El mundo rompe cuerdas por Paco de Lucía

Redacción La República redaccion@larepublica.net | Jueves 27 febrero, 2014

Internet/La República


MÚSICA

El mundo rompe cuerdas por Paco de Lucía

El artista falleció ayer a los 66 años en México

Genio, sensibilidad y calidad humana confluyeron en Paco de Lucía, el “amo de la guitarra”, fallecido ayer a los 66 años por un infarto masivo que ha privado al arte del hombre que revolucionó el flamenco, lo sacó de ventas y juergas nocturnas y lo dignificó en escenarios de Perú a Japón.

La muerte le sobrevino en el Caribe mexicano, cerca del poblado de Xpu Ha que se convirtió en un refugio habitual, en concreto en un hospital de Cancún al que llegó por su propio pie, por las molestias que empezó a sentir tras jugar al fútbol en la playa con su hijo menor.
“No hay consuelo”, declaró su familia en un comunicado. Ni para quienes le querían y conocían, ni para los que le querían sin conocerle.
“El dolor ya tiene fecha”, culmina el escrito, al que se ha unido un clamor popular que ha convertido la etiqueta “PacodeLucia” en una de las más repetidas en Twitter a nivel internacional.
Latinoamérica recibió a finales de 2013 el regalo inesperado de su última gira, con actuaciones en México o en Brasil, donde hacía 16 años que no tocaba. A cambio, todos esos países se han referido a él como “maestro de la guitarra flamenca” y “referente iberoamericano para todas las generaciones”.
Nacido Francisco Sánchez Gómez, adquirió su seudónimo artístico de la costumbre de nombrarle por su madre, “Paco, el de Lucía”, y con ese alias firmó casi cuatro decenas de discos, amén de numerosas colaboraciones, a destacar el famoso “Entre dos aguas” (1981), y dos de sus favoritos, “Concierto de Aranjuez” (1991) y “Cositas buenas” (2004), por el que recibió un Grammy Latino.
“El flamenco es un desgarramiento”, afirmaba Paco de Lucía en una misiva al luthier artífice de sus guitarras, en la que aseguraba que él lo había vivido “muchas veces” a través de este instrumento, al que en su juventud dedicó hasta diez horas diarias de práctica.
En 1978, convertido ya en figura, explicaba en un programa de televisión que el éxito le había llegado de forma “gratuita”, porque él “solo aspiraba a tocar bien la guitarra y a disfrutarlo”.
“Lo mío es más una devoción”, declararía este aristócrata del flamenco, que convenía en que demasiada teoría mataba la necesaria imaginación.
Tomatito, José Mercé, Carmen Linares, Fosforito, El Lebrijano, Juan Manuel Cañizares, Farruquito, Diego El Cigala... La corte entera del flamenco se ha declarado tocada por esta muerte prematura, que se une a la de Enrique Morente y a la del cantaor Camarón de la Isla, con el que fraguó hitos de la historia musical española como el disco “Como el agua” (1981).
Respetado por músicos de rock, “blues” o jazz mundiales, como Chick Corea, fueron muchos los reconocimientos recibidos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2004 o el título de doctor honoris causa por el Berklee College of Boston (EE.UU., 2010).

Madrid y México/ EFE






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