Dicotomía: economía y bien común
Es constante el choque entre los diversos grupos de nuestra sociedad, sobre todo en aquellos de los sectores privado y público que no qui...
Es constante el choque entre los diversos grupos de nuestra sociedad, sobre todo en aquellos —de los sectores privado y público— que no quieren renunciar a sus privilegios
En estos días leí la Exhortación Apostólica Evangelli Gaudium del papa Francisco, un libro que lo describe —una vez más— como un prototipo del líder que debería permear a todos aquellos que somos amantes de la buena política, la que se escribe con P mayúscula, esa que debe ser comprendida como disciplina indispensable en cualquier sociedad.
Escribe el Papa que “la política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común”.
Da fuerza, en aquellos que defendemos a la política como un apostolado ciudadano, oír que alguien con las calidades y el auditorio del Papa se pronuncie así sobre la política. Actividad incomprendida por muchos y denigrada por otros que la ejercen, en momentos cuando más es requerida para llegar a puntos de encuentro y soluciones con equidad y justicia.
Iguales palabras tiene Francisco para los empresarios, a quienes ubica en una noble tarea siempre y cuando tengan un sentido más amplio de la vida y que comprendan su obligación de servir al bien común, lo que pueden lograr cuando hacen más accesibles para todos los bienes del mundo.
Afirma con determinación que “ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado”.
Mejorar nuestra sociedad será posible solo en la medida que políticos y empresarios se pongan de acuerdo para generar justicia para los pobres, más allá del asistencialismo, el que acentúa las diferencias entre los que más tienen y los que nada tienen, por ser un populismo irresponsable.
La solución se encuentra en una promoción integral de los más desvalidos de la sociedad; algunos creen que plantearse esto es una utopía, otros afirman que es mucha teoría, pero no, lo que es, es difícil, por ser un proyecto común, que solo mediante la buena política y los acuerdos que esta genera se puede establecer.
Platón afirmaba que una sociedad se fortalece cuando todos piensan igual. Aristóteles, su discípulo, se oponía al afirmar que es en la diversidad y su entendimiento en que la sociedad se fortalece, esto es lo real, pero obliga a la solidaridad y la subsidiaridad desde las personas y desde el Estado con los que menos tienen, este es el gran sueño.
Es constante el choque entre los diversos grupos de nuestra sociedad, sobre todo en aquellos —tanto del sector privado como público— que no quieren renunciar a sus privilegios, lo que deja a una buena cantidad de costarricenses, más de 21%, sobreviviendo a como pueden.
La pobreza debería ser el principal objetivo de todo gobierno y debe ser eje trasversal de todas las políticas públicas, más cuando desde allí se producen muchos de los males que nos aquejan a diario.
Así las cosas, debemos sumarnos a la petición del Papa Francisco cuando escribe: “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!”.
Sin dudarlo, solo en ese preciso momento podremos contar con una nueva mentalidad política y económica que, tal y como lo dice el Papa, “ayude a superar la dicotomía absoluta entre la economía y el bien común social”.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo