Construir para aprender: sostenibilidad, innovación y el campus del futuro
Nueva sede de UWC Costa Rica en San Isidro de Heredia redefine la infraestructura educativa al integrar aulas flexibles con estándares internacionales de sostenibilidad
Cambiar la forma en que se concibe la infraestructura educativa, al integrar la naturaleza, la convivencia multicultural y la sostenibilidad en la experiencia de aprendizaje de los estudiantes, es la premisa con la que se desarrolla el nuevo campus de UWC Costa Rica.
La sede, que se construye en San Isidro de Heredia, combinará aulas, residencias estudiantiles y espacios colaborativos en un terreno de aproximadamente 50 hectáreas, de las cuales 39 corresponden a área de conservación.
El proyecto está diseñado para que los jóvenes puedan estudiar, convivir y desarrollar actividades académicas al aire libre, en contacto directo con el entorno natural.

“Lo que se busca es que el componente naturaleza esté integrado al campus. Que el estudiante pueda estudiar, socializar y hacer actividades al aire libre, e inclusive llevar el aula a la naturaleza”, dijo Jaime Molina, director general de ICC, empresa encargada de la dirección del proyecto.
Su cercanía con el Parque Nacional Braulio Carrillo influyó en la distribución de los edificios y en las decisiones de diseño que respetan la zona de amortiguamiento en el área.
La topografía permite aprovechar las vistas hacia el Valle Central y los bosques, pero también exige soluciones para controlar las aguas pluviales y evitar la sedimentación en los cauces naturales.
La intención es que el paisaje no funcione únicamente como escenario, sino como un recurso educativo que facilite actividades al aire libre y nuevas formas de interacción con el ambiente.
La selección de materiales y equipos es otro de los elementos que distinguen el proyecto.
El campus incorpora madera laminada y certificada como alternativa a materiales con mayor huella de carbono, además de sistemas de bajo consumo de agua y electricidad.
La obra está siendo certificada bajo dos normas internacionales, LEED y EDGE, y en su proceso constructivo por Bandera Azul, que establecen requisitos relacionados con el diseño sostenible, el uso eficiente de los recursos y las prácticas constructivas.
Entre las medidas previstas están la instalación de grifería de bajo consumo, el uso de pinturas con bajas emisiones de sustancias nocivas, el uso de agua de lluvia para servicios sanitarios y la incorporación de equipos eficientes, entre otras.
Durante la construcción también se aplican prácticas para controlar el polvo y los sedimentos, así como protocolos para separar los residuos y facilitar su reutilización o reciclaje.
Estos criterios buscan reducir el impacto ambiental de la obra y el consumo de recursos durante la operación de los edificios a lo largo de décadas.
En una instalación de esta magnitud, esa eficiencia demuestra que construir de forma sostenible no necesariamente implica mayores costos a futuro.
“Hay ciertos elementos que sí podrían significar un aumento de la inversión inicial, pero eso vendría acompañado de una disminución en el impacto financiero de la operación a largo plazo”, agregó Molina.
El diseño también responde a una visión educativa que va más allá de las aulas tradicionales.
Las residencias estudiantiles tendrán espacios comunes en cada nivel para que los jóvenes puedan reunirse, estudiar en grupo y compartir, mientras que algunas aulas incorporan divisiones móviles que permiten unir o separar espacios según las necesidades de cada actividad.
Esta flexibilidad facilita distintas dinámicas de aprendizaje y promueve el trabajo colaborativo entre estudiantes de diferentes culturas.
El campus también busca mantener una relación cercana con la comunidad de San Isidro de Heredia.
Entre las acciones contempladas están las mejoras en las vías de acceso y la promoción de actividades recíprocas en las que los estudiantes puedan involucrarse en su entorno y contribuir a iniciativas comunitarias.
Una de las principales lecciones del proyecto es que la infraestructura debe responder a las necesidades de quienes la utilizan y a las características del lugar donde se construye.
"Lo más importante que nos deja el proyecto es entender que la infraestructura es un medio habilitador de algo más; no construimos por construir, sino para responder a objetivos estratégicos de impacto social, económico y ambiental", finalizó Molina.
La Fundación educativa UWC Costa Rica es el único centro de esta red internacional de colegios en Latinoamérica y reúne a 200 estudiantes de más de 60 nacionalidades.
El 85% del cuerpo estudiantil recibe apoyo financiero para cursar el Bachillerato Internacional. Actualmente, el 10% de la población estudiantil es costarricense y, con esta ampliación, se espera alcanzar un 15% de representación nacional.
Conozca más en www.uwccostarica.org