Leopoldo Barrionuevo

Enviar
Sábado 9 Octubre, 2010


ELOGIOS
Un canto a la vida


Recibí la invitación de Claudia Barrionuevo para el estreno de la obra inédita recientemente premiada cuya autoría compartió con Walter Fernández, “La segunda oportunidad” y concurrí con las consabidas flores y mucho interés por seguir la evolución de esa hija rebelde que apenas salida de la adolescencia y sin avisarlo, obtuvo una beca de la Sorbona para estudiar dramaturgia.
Nunca publiqué comentario alguno de las obras de Claudia, aunque siempre le dije lo que opinaba, sé ver teatro desde niño por razones familiares, al menos vi mucho teatro español en Buenos Aires y me duele observar lo que ocurre en este país en el cual los chilenos y los Catania enseñaron, crearon y sentaron cátedra que merece una cartelera mejor que la profusión de pornografía barata que nos invade.
Tal vez se pueda aducir que el teatro serio también aporta palabrotas pero lo que tal vez se ignora es que la comedia griega desde Aristófanes volcaba sobre el escenario el lenguaje popular sin necesidad de caer en la obscenidad, sólo en lo cotidiano.
Volvamos a Claudia, quien después de dos premios de dramaturgia en España, vuelve a ganar en Costa Rica y esta vez, más allá del lógico orgullo que yo pueda sentir debo reconocer varios aspectos: el lenguaje es el cotidiano de Tiquicia, no hay que agregarle nada; la dirección es impecable; la actuación de las tres actrices es de una ductilidad pocas veces vista en nuestro medio, si bien en los primeros minutos puede parecer un tanto exagerada, se nota enseguida que es un in crescendo que nos conduce de la comedia al drama, sorprendiéndonos a cada paso. Esto no es sencillo.
El ambiente está montado con la carga trivial que implican los concursos de televisión y sin comprometerse, los autores pasean por el plano teológico y metafísico sin caer en lo discursivo ni ofender las creencias del espectador, por el contrario, con sutileza se elude lo hiriente sin abandonar lo simple, sencillo y sutil de la comedia.
Lo más importante: la obra es un canto a la vida y esta convicción nos envuelve casi en el final al que no llegamos por deducción porque lo que menos se esperaba es que el amor, que estuviera ausente en el transcurso de la obra, se convirtiera en el lei motiv del mensaje.
Considero que es un claro ejemplo de madurez intelectual y profesional y que los autores se han complementado de tal modo que no lo hubieran logrado sin un trabajo en equipo que se detecta a la distancia y el aplauso final del público tras un silencio mezclado con la duda, el estupor, la preferencia por cada personaje, da la exacta sensación de la conmoción final.
Nunca olvido la frase de Molière: “castigat ridendo mores”, con el reír se enmiendan las costumbres, para mí es para lo que el teatro fue creado.

Leopoldo Barrionuevo
leopoldobarrionuevo.com