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Si es capaz de recuperar la salud moral y el orden, Latinoamérica podrá aprovechar la actual coyuntura, desplegar sus mejores cualidades, fortalecer sus economías y relacionarse con el resto del mundo en calidad de socios respetables

Tenemos una gran oportunidad

Hoy, ante un crecimiento moderado en las economías más desarrolladas, como proceso que sigue a la salida de la crisis, vemos cómo el futuro económico mundial dependerá en gran medida de lo que pase con las economías emergentes. Situaciones nuevas que exigirán novedosas estrategias en un entorno mundial diferente y movedizo.
Si bien es verdad que puede abrirse una puerta de mucha expectativa y bonanza para Latinoamérica como gran productor de materias primas y de uso industrial, para abastecer las necesidades que tendrán las economías, también es cierto que el buen aprovechamiento del momento dependerá de la forma en que la región se prepare para jugar en el nuevo y cambiante entorno.
Un momento para que la región demuestre si ha alcanzado una madurez suficiente o no para evitar caer en viejos errores y poder actuar como socio inteligente. Esto implica grandes retos. Se anuncian cambios en los patrones de consumo y finanzas.
Se habla hoy de la solvencia de la América Latina, como una valiosa fuente de posibilidades. Esto es real. Pero debe ponerse el énfasis más bien en lo frágil de la situación. Los gobernantes de los países de la región deberán ser capaces de reducir los índices de pobreza y desigualdad, si es que quieren conservar una situación de solvencia. De lo contrario la perderían y con ello habrían perdido la gran oportunidad. No se puede aspirar al desarrollo solo con planes de asistencia a la pobreza extrema.
Bajar los índices de pobreza significa poner en marcha planes eficientes para la creación de empleo digno, justamente remunerado. Significa asegurar acceso universal y oportuno a salud y educación, requisitos para contar con una población productiva en proceso ascendente.
Pero Latinoamérica debe asegurarse también de ser capaz de deshacerse de un cáncer que no importa dónde haya tenido su origen, sus metástasis se propagaron por todos lados: la corrupción. Esta, que no es nueva, reverdeció en las esferas más altas de las sociedades y se expandió atacando a todas sus células.
No obstante, si es capaz de recuperar la salud moral y el orden, con la familia preparada para el trabajo fecundo y satisfactorio, Latinoamérica podrá aprovechar la actual coyuntura. Podrá desplegar sus mejores cualidades, fortalecer sus economías y relacionarse con el resto del mundo en calidad de socios respetables.
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