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Aunque los ingresos fiscales han dejado de caer y se inició una modesta recuperación de los ingresos tributarios, si la economía costarricense no crece a suficiente velocidad a futuro, aumentarán el desempleo y la pobreza

Reforma fiscal y los candidatos

Las finanzas del Gobierno se proponen alcanzar múltiples objetivos: proporcionar bienes y servicios colectivos, fomentar el crecimiento y el desarrollo, garantizar el crecimiento estable y propiciar la distribución equitativa del ingreso y la riqueza. Estos se logran mediante instrumentos fiscales del gasto gubernamental en bienes y servicios y por medio de la recaudación de rentas.
El déficit en el Gobierno central sobrepasa el 4% del Producto Interno Bruto. Eso implica que, aunque fuera conveniente contribuir al gasto total mediante una mayor expansión del gasto público para compensar la merma del sector privado, el margen de acción es muy reducido.
Aunque los ingresos fiscales han dejado de caer y se inició ya una modesta recuperación de los ingresos tributarios, no es realista creer que son suficientes para corregir las actuales inequidades y procurar el desarrollo.
Ciertamente, hay que complementar un aumento de la producción con una reforma tributaria de largo plazo que permita mejorar la relación de ingresos fiscales al PIB, una de las más bajas de América Latina.
El déficit fiscal es cada vez más agobiante y no es predecible que los ingresos mejoren sin una reforma legal sustantiva.
De tal forma que a pesar de ser duro de pasar políticamente, es una tarea indispensable para avanzar hacia un crecimiento con estabilidad a mediano y largo plazo.
En efecto, si la economía costarricense no crece a suficiente velocidad a futuro, aumentarán el desempleo y la pobreza.
Hemos recogido en nuestras páginas el pensamiento de muchos economistas y las distintas fórmulas que plantean, que van desde limitar el gasto del Gobierno con respecto al PIB hasta aumentar impuestos para financiar sanamente el déficit.
Independientemente de la equidad del déficit fiscal y quien lo ha creado, lo que llama la atención es la falta de interés que muestran los candidatos presidenciales, por hacer propuestas sobre el tema. Es por ello tan lamentable ver los desafortunados programas de Gobierno que plantean sin un adecuado sustento económico.
En Costa Rica es un hecho la debilidad de las finanzas del Gobierno, pero es peor la incertidumbre que están generando los políticos, al no plantear las soluciones a este tema fundamental, claves para alcanzar el mayor bienestar económico y social al que legítimamente aspiramos los costarricenses.
Es una lástima que los políticos desaprovechen el tiempo para la acción, antes de que los periodos comiencen a estrecharse, y que esas tareas pendientes se las cobre la historia.
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