Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 13 Junio, 2014

Es de suponer que Brasil va a mejorar su fútbol y así no tendrá que llegar a la final del Mundial ayudado por doña FIFA y sus cómplices silbateros.
Estábamos enterados que una eventual eliminación temprana del país anfitrión en la Copa del Mundo, puede provocar un incendio de descomunales proporciones en una nación de por sí incendiada por múltiples problemas sociales, de manera que el regalo del árbitro japonés Yuichi Nishimura, no debió sorprender a ningún aficionado al fútbol que siga los campeonatos mundiales, repletos de favores arbitrales a los respectivos dueños de casa.
Como bien lo describen las informaciones internacionales con amplia mayoría, la sanción de penal que se inventó el espigado juez japonés en el minuto 69, cuando Croacia le complicaba el desarrollo del partido a un Brasil limitado y poco eficiente, sacó a los discípulos de Filipao de apuros y los encaminó a una victoria que, separando la acción del castigo de penal fue justamente ganado por los brasileños.
Brasil jugó como lo proyectan los “entendidos” en sus respectivos análisis y radiografías del equipo. Incluso lo adelantamos en nuestra Nota del pasado miércoles.
Muy buen portero, Julio César que desvió tres remates de gol, un binomio central de defensores de primer mundo ahora juntos en el París SG., Thiago y David Luiz, este espectacular ayer; Marcelo, siempre generoso con las gradas a las que regaló un precioso autogol.
Futbolistas tácticos como Luiz Gustavo y Paulinho; dos fenómenos, Oscar y Neymar y el par de paquetes ya reconocidos en todo el planeta, Hulk y Fred que en ocasiones hacen suponer que Brasil juega con nueve hombres.
Oscar estuvo simplemente sensacional.
Croacia hizo lo suyo; se paró con dos líneas de cuatro unidas y compactas; contraatacó con sentido, pasando el balón y no lanzándolo sin ver, o sea, nada a lo loco y halló la ruta del primer gol que no pudo sostener porque Brasil fue un huracán, no de exquisito fútbol, pero sí de empeño, voluntad y nítida vocación ofensiva. Era muy difícil sostener esa avalancha.
Pudo Neymar quebrar la resistencia con un remate débil pero exacto, gestado en los pulmones de Oscar, pero luego Brasil se apagó, Croacia se calentó y por ahí surgió el regalo de Nishimura que resultó determinante para volcar la balanza en favor del anfitrión.
El cierre fue de infarto, porque Croacia apretó y presentó sus mejores argumentos; saltó la magia de Modric y Rakitic dos fuera de serie; las agallas de Olic y la sangre de Perisic y Julio César empezó a volar.
Pero abrírsele a Brasil puede resultar letal y a Croacia lo liquidaron con “su misma moneda”, porque minutos después de que Julio César le desvió un mortero a Perisic, los verdes con amarillo montaron un contragolpe explosivo, relampagueante y bien coordinado que Oscar acomodó en la red de Pletikosa, quien se lanzó tarde a cazar el torpedo.
Fue un premio al mejor futbolista del partido.

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