Este fin de semana escogeremos, como cada cuatro años, los candidatos de nuestra preferencia para posiciones clave en el Poder Ejecutivo – presidente y vicepresidentes, y en el Poder Legislativo, los 57 representantes – diputados de la próxima Asamblea.
Este primero de febrero es distinto.
Más que la elección formal, elegiremos en el fondo, el cómo vamos a abordar los grandes retos país, cómo buscaremos resolverlos.
Tan solo a modo enunciativo: Estas elecciones se dan en medio de un ambiente político, económico y social convulso a nivel global. Están inmersas en conflictos bélicos y económicos con efectos externos e internos. ¡Costa Rica no está exenta de las consecuencias geopolíticas y económicas! ¡Ni mucho menos de las tendencias globales!
Somos el miembro 38 de la OCDE y ello implica una obligación en cumplimiento para aspectos de gobernanza, entre ellas el manejo del crimen organizado y su participación en la vida diaria del país. Una participación severamente agravada en la vida y muerte cotidianas de los últimos años.
Entraremos a las urnas a elegir los gobernantes de los supremos poderes.
Elegiremos a quienes nos sacarán – o hundirán aún más, en la incertidumbre de una economía dicotómica.
Mientras celebran números de crecimiento que los agentes económicos cuestionamos a diario y se vanaglorian de los resultados macroeconómicos, en la calle y en los negocios se percibe un entorno económico cada vez más complejo e informal, en el que es imposible combatir el desempleo.
¡Las personas prefieren dejar de buscar trabajo en Costa Rica!
Una economía que se encuentra repleta de subempleo, con personas plagadas de destrezas, experiencias y conocimientos, pero con una oferta dispar de posibilidades.
¡Prefieren dejar de buscar trabajo!
Esa frase hay que repetirla.
Una economía que ofrece puestos dispares con las capacidades de las personas resulta en una reducción del nivel de ingreso de las familias y en una disuasión para la educación formal.
Este domingo entramos a las urnas para definir en qué tipo de país queremos vivir.
¿Uno en el que prima el respeto entre las personas, por su dignidad de hijos de Dios? ¿O uno en el que ni personas, ni instituciones, ni mucho menos leyes, sean respetadas?
Elegiremos sobre la calidad de educación para nuestros hijos.
La ignorancia ciudadana es el caldo de cultivo para una inseguridad creciente. Los ingredientes para que el narcotráfico aumente su huella endémica, con la matanza de inocentes víctimas colaterales, seres humanos como usted y como yo que, sin tener nada que ver con el narco, ahora son llorados por sus seres queridos.
¡Víctimas de una Costa Rica cada vez más insegura!
Iremos a las urnas para definir si queremos que los exportadores y el turismo sigan perdiendo competitividad, gracias una política de tipo de cambio contaminada por los efectos del lavado de dólares en el país.
¡Destruyen la economía que genera empleo y riqueza real! ¡Aumentan el desempleo, el subempleo y el empleo en el crimen organizado!
De algo tienen que comer las familias, no hay mayor explicación de cómo en algunos pueblos del país ha aumentado el nivel de ingreso, pero disminuido a su vez, la tasa de población económicamente activa bajo los criterios de empleabilidad.
En las urnas electorales decidiremos si queremos una Costa Rica con pesos y contrapesos en los diferentes poderes del Estado.
Debemos estar conscientes, al emitir nuestro voto, que la próxima Asamblea Legislativa tendrá la tarea de elegir una mayoría de jueces de la Sala Tercera, donde se ventilan los temas penales, donde se encauzan las denuncias por la creciente criminalidad y narcotráfico.
La próxima Asamblea Legislativa también tendrá que elegir a múltiples miembros de la Sala Constitucional. Tribunal que, a partir de su jurisprudencia, genera en la práctica, reformas constitucionales.
Decidimos en una elección sobre posibles serios problemas de concentración de poderes. ¡Decidimos si queremos dejar atrás la independencia de poderes!
El próximo primero de febrero escribiremos el rumbo de nuestra democracia republicana.
El primer consejo es que ejerzamos con seso y sin hígado o corazón, nuestro derecho al voto. La participación en la vida política es un deber moral, del que se derivan derechos inherentes que, como ciudadanos, tenemos la facultad de exigir a nuestras autoridades. Autoridades que, este primero de febrero, podremos elegir libremente.
La libertad como concepto de vida en el ejercicio del voto va más allá de la carencia de medios coercitivos a la hora de votar.
La libertad electoral empieza mucho antes, con un derecho aún más potente: El derecho a recibir información cierta, transparente, exenta de tecnicismos inaccesibles para una parte significativa de la población.
La libertad de elección surge de la disponibilidad de entendimiento sobre las realidades del país y la responsabilidad que el voto conlleva.
Para que nos quede claro a todos: la libertad, en su concepto más profundo, es la diferencia entre la persona humana y los animales.
¡Debemos informarnos! ¡No votar como burros o cualquier otro animal!
El próximo primero de febrero elegimos más que el próximo presidente de la República.
Definimos los asuntos más trascendentales para nuestra vida y la de las futuras generaciones.
Costa Rica es el último reducto de democracia institucional en Latinoamérica.
Hagamos valer nuestra historia, nuestro reconocimiento internacional. ¡Nuestro baluarte democrático está en peligro de sucumbir! Evitarlo depende de su voto, el mío y el de todos. ¡Salga a votar!





































