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Miércoles 14 Mayo, 2014

Una consultoría millonaria pagada en dólares por todos nosotros sin beneficio alguno para los ciudadanos, una especie de OAS donde pagaremos por nada...


No todo lo que “brilla es oro”


Para el urgente nuevo edificio sede de la Asamblea Legislativa se escogió un “Jurado de Oro” mediante un “Concurso de Anteproyectos de Oro” para dignificar a nuestro primer poder de la República, con un merecido nuevo edificio.
Hoy sin poder echar para adelante ni para atrás, con la imposibilidad de construir algo ya de por sí inconstruible desde el punto de vista técnico, económico, legal y moral estamos en una encrucijada que ha desbordado los límites de la lógica y la razón.
Todo se hizo bien aparentemente... Una iniciativa bienintencionada de los hoy ex diputados y diputadas que dejaron un fideicomiso con un banco sólido y de prestigio, que promovieron mediante un concurso de anteproyectos como el mejor mecanismo para escoger entre uno dos o tres posibles propuestas, pero... ¿dónde quedaron el segundo y tercer lugar?
Al final, la “única” que calificaba fue la polémica propuesta conceptualmente muy parecida por cierto a la Municipalidad de Benidorm, en España, y cuestionada hoy desde su estabilidad estructural, por el mismo ingeniero que participó en el concurso. Hay también dudas sobre el costo real de la obra y una demanda interpuesta ante el Contencioso por algunos de los participantes.
Como arquitecto experto en conservación del patrimonio cultural, pienso, después de mucho reflexionar lo sucedido, que gran parte del problema esta en la génesis del programa arquitectónico con dos lotes separados para un mismo fin, pero creo más en la responsabilidad del jurado que no incluyó al Centro de Patrimonio, dejándose llevar por el “brillo” de una propuesta que no consideró el valor de lo sustantivo del proyecto, que era precisamente su entorno patrimonial.
Haber escogido el único edificio que no respetaba el alineamiento, que no cumplía con la Ley de Patrimonio, Ley General de Caminos Pu?blicos, Ley de Construcciones, Ley de Planificacio?n Urbana, Reglamento de Construcciones, Plan Director Urbano de San Jose?, e imaginarse un plano catastrado que estaba en el aire.... fue un error grave que el “Jurado de Oro” debió haber considerado y desechado ad portas por ser una propuesta que no cumplía con los requisitos básicos.
Muchos de los exdiputados defendieron este disparate porque les hicieron creer, como clientes de buena fe, que era la única alternativa viable y fue normal como cualquier cliente, que pagó por servicios profesionales, el haber creído tener la solución a sus necesidades fundamentales para trabajar con decoro.
Se confiaron en un “Jurado de Oro” que hasta el día de hoy no ha abierto la boca para asumir la responsabilidad que tiene en todo lo que está pasando.
¿Y ahora qué heredaron los nuevos diputados? Una consultoría millonaria pagada en dólares por todos nosotros sin beneficio alguno para los ciudadanos, una especie de OAS donde pagaremos por nada...
Exijamos el buen uso de nuestros recursos y pidamos el respeto a las leyes y a las instituciones creadas para el beneficio de las mayorías.
Transparencia, anticorrupción y cuentas claras especialmente en un momento histórico en que Costa Rica comienza a vivir una administración que exige precisamente que se cumpla con esos valores.

Carlos Mesén Rees

Arquitecto