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Tenemos que ser capaces de eliminar las filas innecesarias sin que por ello dejen de funcionar bien las cosas y se recaude lo que haga falta para los fines que corresponda

No queremos filas innecesarias

Si se hiciera un ejercicio que diera como resultado el tiempo perdido en el país a causa de que la gente tenga que hacer largas filas es posible que nos sorprendiéramos bastante. Esto no quiere decir, desde luego, que debiéramos vivir en un desorden. Solo es una reflexión sobre la cantidad de tiempo que las personas podrían dedicar a otras cosas si no tuvieran que perder minutos u horas en hacer filas. Baste recordar que el tiempo que transcurre es irrecuperable.
Por ello resulta inadmisible que se creen espacios para filas que podrían evitarse, de algún modo, sin perjuicio para nadie. Ese pareciera ser el caso de la que se forma en la ventanilla especial para el pago del impuesto de salida que deben hacer las personas en nuestro principal aeropuerto, el Juan Santamaría. Así lo informó este medio ayer.
Se sabe que es inevitable hacer una fila para mostrar documentos y pasar por la aduana. De algún modo se tiene que verificar la validez de estos y ejercer control sobre los objetos que se trasladan. Hay controles necesarios e ineludibles, pero de ahí a sumarles una fila más a los trámites sin necesidad, eso ya es otra cosa. Nuestra vida no necesita más filas sino que estas se reduzcan al mínimo indispensable para tener una forma de convivencia ordenada.
Tenemos que ser capaces de eliminar las filas innecesarias, sin que por ello dejen de funcionar bien las cosas y se recaude lo que haga falta para lo que corresponda. Esto es lo que tanto anhelamos y no es otra cosa que una administración eficiente.
No puede haber justificación alguna para que la administración pública no sea eficiente si, se supone, la dirigen personas que se presentan como altamente eficientes. La lentitud de la burocracia debe ser controlada y corregida cuando haga falta por mandos medios que cumplan con su deber y estos a su vez han de rendir cuenta y ser vigilados de cerca por los máximos jerarcas.
Si no somos capaces de hacer esto tendremos que empezar por reconocer nuestra propia falta de habilidad aunque nos promocionemos como muy diestros.
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