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Sábado, 24 de agosto de 2019



EDITORIAL


Los rezagos no eran desconocidos

| Martes 14 septiembre, 2010




Cuando se abrió el país al mercado mundial se sabía que teníamos rezagos que superar, pero no se hizo lo correspondiente para desenmarañar y actualizar a las instituciones y su recurso humano

Los rezagos no eran desconocidos

Hoy es tema cotidiano el que la falta de infraestructura y la mala calidad de la existente en el país frenan la competitividad y el desarrollo. Muchos son los lamentos porque no tenemos un sistema que permita mayor dinamismo.
Sin embargo esta verdad se conoce y se vive desde hace décadas. Cuando se hizo todo cuanto había que hacer para que se firmaran los tratados de libre comercio y se abriera el país a la competitividad y al mercado mundial, se sabía que teníamos rezagos importantes, como el de la infraestructura entre otros, que era necesario poner al día. Pero se sabía también que el país está atrapado en una espesa telaraña que impide tramitar casi cualquier cosa de forma ágil.
Sin embargo, no se hizo lo correspondiente para superar este escollo que, se sabía, seguiría retrasando las cosas. No existió la decisión de meter mano ahí donde todo se entraba, llámese esto como se llame porque no es el nombre lo que lo define sino los pasos y plazos que condicionan sus acciones.
Hablamos de no haber diseñado un nuevo sistema que permita a las instituciones la posibilidad de analizar y aprobar acertadamente proyectos en tiempo razonable, de ejercer el adecuado control sobre su buena marcha y de mantener actualizado y capacitado a su recurso humano para contar con el Estado profesional y eficiente que ahora reclamamos.
En este momento nos embargan la aflicción y la angustia porque se viven las consecuencias de lo que no se hizo.
Vemos el caso de los $850 millones de financiamiento, conseguidos mediante un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo para la realización de obra pública, cuyo primer desembolso de $300 millones para el mejoramiento de carreteras, puentes y otras obras se ve sometido a transitar el enmarañado camino de trámites que no permitirá que sea utilizado antes de diciembre, siempre que no se presenten nuevas trabas.
Este es el ritmo del país pero no se logrará modificar si no se emprende la tarea de diseñar y aprobar una nueva forma de funcionar. Esto debió hacerse hace mucho tiempo.
De continuar así las cosas, seguirá cada institución ejecutando su tarea al paso que le han impuesto. Es algo que no se modificará por sí mismo, se necesita la decisión para hacer el cambio sin caer en una mala administración sino, por el contrario, aprovechando la circunstancia para hacer eficiente, transparente y acertada la acción de las instituciones en un menor tiempo.