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Lo que menos necesitan los costarricenses es que se inicie una guerra vacía de contenidos y centrada en el electorerismo que ha venido caracterizando las arenas políticas nacionales

Llega la hora de la verdad

Después de un cierto tiempo durante el cual solo se oyeron críticas acerca de lo inconveniente de un inicio prematuro de la precampaña política para las elecciones de 2014, la mayoría de las agrupaciones van mostrando a sus precandidatos, ya públicamente interesados en la contienda.
Así las cosas, las anteriores críticas pueden ser tomadas por algunos más como una falacia que como un interés genuino en la buena marcha del país. En este ámbito y más en el de la política, que vuela tan a ras del suelo actualmente, estos son asuntos que deben manejarse con la mayor cautela y luego de análisis muy serenos.
En realidad, lo que menos necesitan los costarricenses es que desde ya se inicie una guerra vacía de contenidos y centrada en el electorerismo que, desgraciadamente, es lo que ha venido caracterizando las arenas políticas nacionales.
Por el contrario, el ambiente del país está ávido de escuchar contenidos de fondo, importantes, sobre los más preocupantes temas que agobian hoy al costarricense y que requieren acertada solución.
Los habitantes quieren un gobierno que les proporcione lo que los gobernantes deben brindar a sus gobernados: seguridad, salud, educación, infraestructura, entre otros asuntos vitales. Pero no hay nadie ya dispuesto a escuchar bellas piezas de oratoria sobre esos temas, que en realidad no concreten nada o hagan promesas incumplibles.
Hoy nuestra gente (y la del mundo) solo quiere conocer posiciones, saber qué haría tal o cual precandidato para ofrecer a la población lo necesario en los temas antes mencionados y en otros de esencial importancia, pero sobre todo cómo lo haría, con qué recursos, obtenidos de qué manera y controlados de qué forma para que no se desperdicien o se desvíe su uso.
Sería interesante comprobar, ya desde la precampaña, cuán conscientes están los precandidatos de que no hay ambiente, ni nacional ni mundial, para promesas que de antemano se sabe que no se podrían cumplir o para emotivos discursos destinados a tocar en cada quien la tradición política familiar porque esta se desintegró hace rato a golpes de corrupción e incumplimientos.
Así pues, hacemos votos por que podamos tener una precampaña y una campaña luego, de altura ambas, sobre los más importantes contenidos para la vida nacional. Mientras tanto, que la actual administración pueda realizar su trabajo.


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