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Sábado 29 Junio, 2013

Obligada falsamente a elegir entre lo práctico y lo moral, la gente elige lo moral; y los enemigos de la liber¬tad denun-cian la supuesta inmoralidad del “lucro” y del interés personal


Libertad, justicia y productividad

Hay básicamente dos formas de tratar con otras personas o de conseguir algo de ellas: usando la razón —la persuasión basada en la lógica— o mediante la fuerza.
En el mundo actual el Estado y los delincuentes se valen de la fuerza para lograr sus objeti¬vos. El resto de la población depende de la cooperación volunta¬ria que es resultado de la persuasión.
El ejemplo más común de la cooperación voluntaria es el libre mercado, la actividad comercial. Las personas compran y venden miles de bienes y servicios sin ser obligadas a comprar algo específico o a comprarle a un vendedor particular.
En el libre mercado las personas hacen tratos porque creen que al hacerlos sus vidas mejorarán. Por ejemplo, si yo ofrezco venderle mi perro por $100 y usted decide comprarlo, eso signifi¬ca que yo tengo un mejor uso para los $100 que para el perro y que usted tiene un mejor uso para el perro que para los $100. Los dos estaremos en mejor condición después del trato que antes de él, de acuerdo con nuestro propio juicio.
Compare eso con el caso de alguien que es obligado a cederle parte de su propiedad a un ladrón o al Estado: esa víctima no sentirá que su situación mejora cuando esto ocurre.
En el libre mercado el productor exito¬so de algo lo vende por más de lo que le costó y esa es la ganancia del productor. Pero su cliente lo compra solo porque para él vale más de lo que paga, y esa es la ganancia del consumidor. Ningún productor puede tener una ganancia en el libre mercado a menos que el consumidor también la tenga.
El  libre mercado es un sistema de libertad, de justicia, de productividad. En todos estos aspectos es muy superior a sus alternativas coactivas. Pero estas tres virtudes no pueden separarse. Cada una fluye de las otras.
Cuando uno es libre para elegir, cuando es libre para obtener y retener el fruto de su labor, siente que se le está tratando en forma justa. Cada persona tiene el incentivo para maximizar su producción. La justicia del sistema crece por la libertad que asegura, y la productividad crece por la justicia de las recompensas que provee.
A pesar de su relativamente corta vida de unos dos siglos, y de los muchos obstáculos que el Estado le ha interpuesto, el libre mercado ha brindado una gran mejora en la vida de casi la totalidad de la población mundial.
Pero, como dice Ayn Rand, la verdad es que, obligada falsamente a elegir entre lo práctico y lo moral, la gente elige lo moral; y los enemigos de la liber¬tad denun¬cian la supuesta inmoralidad del “lucro” y del interés personal para tratar de hacernos sentir culpables sobre el libre mercado.
Desenmascaremos a esos autoritarios expertos en intimidación: lo que ellos quieren decir es que ofrecerle a una persona un valor, una idea o un producto, por el cual la persona está libremente dispuesta a pagar, es un “mal”; pero que obligarla a aceptar lo que ella no quiere, a punta de pistola, es una “virtud”.

Raúl Costales Domínguez
Escritor