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Un plan razonable, de mediano y largo plazo, siempre y cuando no deje por fuera un eje que atraviesa transversalmente hoy cualquier proyecto: la seguridad

Largo plazo y transparencia

La necesidad de trasladar de edificio a la Asamblea Legislativa ha sido una especie de detonante renovador de la idea de invertir en el centro de San José en edificios que alberguen a los Poderes del Estado.
Cuando la administración anterior asumió el poder también se dejó sentir la molestia por tener que ocupar un edificio inapropiado para la Presidencia como el ubicado en Zapote.
Sin embargo, no hubo gestión alguna para diseñar y conseguir los fondos para hacer un nuevo edificio como parte de un centro cívico con las características idóneas para esos fines y donde corresponde, en el centro de la capital.
Los costarricenses ya no se extrañan de que no se hagan ciertas cosas, obviamente indispensables, y en cambio sí se obtenga el dinero para otras, necesarias también pero no tan urgentes.
Por otro lado sabemos que los sucesivos gobiernos de los últimos tiempos dedicaron sus mejores esfuerzos a planes de corto plazo o que respondían a intereses de ciertos sectores, dejando de lado la posibilidad de crear planes a mediano y largo plazo, de interés y urgencia nacional.
Es que los planes de largo plazo obligan a ser planteados, analizados y aprobados transparentemente, presupuestos incluidos, y esto no es igual que gobernar a un país de ocurrencia en ocurrencia y dedicando el mayor esfuerzo solo a algunos aspectos de interés sectorial o particular.
Los ciudadanos deben comprender la diferencia.
Ahora, según lo señala una información de este medio hoy, surgen diversas ideas para invertir en San José, en edificaciones para los Poderes del Estado, cuyo denominador común, aparentemente, es que estos sean engarzados entre sí a través de bulevares y ciclovías, dentro de los cuales la gente use sistemas de transporte eficientes y menos contaminantes.
Un plan razonable, de mediano y largo plazo, siempre y cuando no deje por fuera un eje que atraviesa transversalmente hoy cualquier proyecto: la seguridad. Un asunto del cual se habla poco y para el cual se realizan algunas acciones menores aisladas, pero que constituye una realidad: los costarricenses sufren cada día más por causa de la inseguridad. Y ese sufrimiento achata y destiñe cualquier logro porque no le permite a la ciudadanía o a quienes nos visitan usarlo y disfrutarlo sin temor.
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