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Viernes, 23 de agosto de 2019



EDITORIAL


La deuda que tenemos que pagar

| Sábado 11 septiembre, 2010




Familias desintegradas, inseguridad, entretenimientos cargados de violencia, mal ejemplo de los adultos, pérdida de los mejores valores, entre otros, no son un entorno adecuado para ningún niño

La deuda que tenemos que pagar

En la semana que está concluyendo se celebró en el país el Día del Niño. Diversas actividades se llevaron a cabo organizadas por algunas entidades para que los pequeños tuvieran sano entretenimiento y diversión. Eso está muy bien. No obstante, pensamos que una fecha como esta, en la coyuntura actual podría o debería tener también un impacto importante sobre el resto de la población. Que sirva al menos para reflexionar sobre lo que estamos haciendo con los niños.
Nos referimos a la responsabilidad de los adultos de construir y mantener un entorno idóneo para que vivan felices y desarrollen su potencial los niños y la obligación de ser un ejemplo digno para ellos.
En este sentido, no podemos menos que reconocer que la Costa Rica actual (quizás el mundo en general con las excepciones que suelen confirmar las reglas), está en deuda con sus niños. Familias desintegradas, inseguridad en todas partes, entretenimientos cargados de violencia, mal ejemplo de los adultos, pérdida de los mejores valores personales y sociales, entre otros, no son un entorno adecuado para ningún niño.
Después, cuando crecen y se desvían de la ruta correcta, decepcionados por lo que ven y sin expectativas de un buen futuro, los calificamos, perseguimos y encerramos porque ya no sabemos qué hacer con ellos ni cómo librarnos de sus malas acciones.
Sin embargo, no tenemos la valentía de aceptar que ha sido nuestra la responsabilidad de su desvío. Incluso cuando los impulsamos a estudiar se les suele decir que deben ser más agresivos en sus presentaciones y trabajos. ¡Y después nos quejamos de que se vuelvan agresivos!
Dicen que nadie comienza a curarse de un mal mientras no reconozca que lo padece. Esta es pues la primera tarea que tenemos: reconocernos culpables del entorno en el que hoy deben crecer nuestros niños para entonces iniciar la tarea de cambiarlo.
Sería el mejor homenaje, en su día, a los niños de Costa Rica, que los adultos tomaran la decisión de devolverles la paz, la seguridad, los valores que hacen agradable y positiva la convivencia, la armonía familiar y un próspero futuro. Es decir, construir el entorno que necesitan y se merecen.