Sra. Ioanna Sahas Martin
Embajadora de Canadá en Costa Rica
El 6 de diciembre de 1989, un hombre armado mató a 14 mujeres e hirió a otras 13 personas en la Escuela Politécnica de Montreal en Canadá, simplemente por ser mujeres. Las mujeres estudiaban carreras STEM y estaban a punto de convertirse en ingenieras y profesionales. Treinta y seis años después, es imposible cuantificar las contribuciones que podrían haber hecho a sus familias, a Canadá o incluso al mundo. Pero todavía las recordamos.
Cada año conmemoramos los #16Días de Activismo contra la Violencia de Género, entre el Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres (25 de noviembre) y el Día de los Derechos Humanos (10 de diciembre), como un recordatorio del camino que aún debemos recorrer para garantizar que mujeres y niñas puedan disfrutar de una vida libre de toda forma de violencia. Estos días no son gestos simbólicos; son recordatorios de las incontables mujeres y niñas cuya realidad cotidiana está marcada por la violencia, y de la urgencia de garantizar que puedan vivir con dignidad, seguridad y esperanza.
La violencia contra las mujeres no es solo una profunda tragedia humana: es una crisis económica y de seguridad. Cada acto de violencia de género deja cicatrices que van mucho más allá de las estadísticas: arrebata a las mujeres su dignidad, su seguridad y la posibilidad de vivir libres de miedo. La violencia contra las mujeres también destruye a las familias y amenaza la seguridad y el crecimiento económico de la comunidad.
No importa cuán desarrollado sea un país: si las mujeres no pueden vivir sin miedo ni participar plenamente en la economía y en la toma de decisiones, el potencial de esa nación está fundamentalmente limitado. La violencia de género no es solo una grave violación de derechos humanos: es también un freno al crecimiento y a la seguridad colectivas.
Cuando una mujer es víctima de violencia, su capacidad de educarse, trabajar y progresar se ve limitada. A nivel macroeconómico, esto significa menor productividad, mayores costos en salud y justicia, y menos innovación. En Centroamérica, la participación laboral femenina apenas alcanza el 42-45 %. En Costa Rica, es del 43,8 %, con una brecha de 27 puntos frente a los hombres. Cada punto porcentual perdido es talento desaprovechado y oportunidades desperdiciadas.
Estudios regionales estiman que la violencia de género puede costar entre 1 % y 3,7 % del PIB, según estimaciones del BID y del FMI. En Costa Rica, el impacto de la violencia y el crimen en general se calcula entre 2,6 % y 3,4 % del PIB. ¿Cuánto podríamos avanzar si esos recursos se invirtieran en educación, innovación y desarrollo? Imaginemos el progreso posible si esos recursos se destinaran a educación, innovación y desarrollo. Imaginemos las vidas transformadas si miles de mujeres excluidas pudieran ejercer plenamente sus derechos, libres de violencia y de indignidad.
La violencia contra las mujeres no se trata solo de abuso físico, verbal o emocional. El abuso económico, como restringir el acceso al dinero, sabotear el empleo o forzar a contraer deudas, es una forma común pero poco reconocida de violencia de género y daño financiero. El 20 de octubre de 2025, el Gobierno de Canadá presentó un Código de Conducta voluntario para la Prevención del Abuso Económico, trabajando con socios interesadas y los bancos para identificar, prevenir y responder al abuso económico.
La igualdad de género no es solo un imperativo ético: es una estrategia inteligente para la seguridad y el crecimiento económico. Más mujeres en seguridad y en empleos decentes significa más resiliencia económica en comunidades y en países, que también construye confianza.
Desde el Gobierno de Canadá, reafirmamos nuestro compromiso de trabajar juntos —con Costa Rica, sus instituciones y la sociedad civil— para que la igualdad de género se convierta en un motor de prosperidad y seguridad compartida para todos.
En estos #16Días de Activismo, honremos a las mujeres que perdimos y a las sobrevivientes, y avancemos hacia una realidad en la que ninguna mujer se quede atrás.





































