Con esta ofensiva frase: “La plata alcanza si no se la roban” algunos políticos atacaron a sus adversarios en su administración fiscal y claro está en su honor. Ahora que no alcanza, y cada vez alcanzará menos por una recaudación fiscal en contracción, aquellos comprenderán cuán ofensiva era esa expresión para todos los que luchaban por conservar el equilibrio sano en la economía. Es claro, el insulto y la ofensa no construyen, solo separan a las gentes.
En países en desarrollo en dónde todo está por construir y las poblaciones están hambrientas de servicios estatales y de solidaridad social, los gastos siempre tienden a ser mayores que los ingresos y el superávit fiscal es esquivo. En países como Costa Rica que en los pasados años requerimos carreteras, aeropuertos, universidades, hospitales y muchas otras instituciones para buscar que los habitantes del país tuvieran un aceptable nivel de vida, ese desequilibrio fiscal fue constante, casi sin excepción, y el déficit fiscal acumulado generó una gran carga financiera al haber pagado con deuda lo que no alcanzaba pagar con la recaudación de impuestos.
La deuda actual de casi un 60,4% del Producto Interno Bruto es el resultado de los déficits acumulados y pareciera que está por exceder el límite de lo manejable para un país como el nuestro. Costa Rica con una deuda pública de cerca del 60,4% del PIB encuentra que el refinanciamiento de esos volúmenes de pasivos y la consecuente generación de intereses hace muy difícil el manejo fiscal, la carga tributaria para sus ciudadanos, el conseguir recursos adicionales para financiar más obra, más infraestructura, más sueldos y el pago de las crecientes obligaciones del país.
El FMI ha advertido al gobierno de doña Laura Fernández que la economía no estaba tan próspera, tan fuerte ni tan consolidada como algunos políticos convencieron al país que estaba. El señor ministro de Hacienda del pasado gobierno que fue calificado como el mejor ministro de hacienda del mundo en realidad no había podido resolver los problemas que el país iría enfrentando.
El Banco Central de Costa Rica que gracias a la presunta abundancia de dólares generadas por la bonanza que vivía el país revaluó el colón, ahora encuentra que el tipo de cambio comenzará a devaluarse hacia un futuro próximo. El tipo de cambio de equilibrio será el que el mercado determine, pero los contribuyentes, a menos que se materialice una importante reforma fiscal que el señor ministro de Hacienda ya anunció verán las finanzas del gobierno desequilibrarse más, mucho más.
Es el momento de poner en marcha una reforma de la estructura del estado. Es el momento no de hacer solo recortes en el gasto gubernamental sino de emprender una pensada y sensata reforma del estado. Recortes no resolverán los problemas fiscales de fondo. Es el momento de llamar a todos los partidos políticos y a las personalidades económicas más destacadas para consultarles qué dimensiones, qué profundidad y cuáles deberían ser los límites de la reforma del estado. El país no debe de gastar los pocos recursos que tiene en sostener las instituciones que ya no aportan a su desarrollo. La crisis fiscal no podrá encontrar tampoco su solución con disimulos, pleitos, gritos o descalificaciones.
No podemos los costarricenses seguir gastando en el estado lo que no tenemos ni queremos. No podemos seguir manteniendo instituciones que ya vivieron su mejor momento, pero que pesan en el gasto público sustancialmente. No podemos seguir posponiendo la reforma del estado que cierre dependencias, oficinas y actividades que el país no necesita ya que lo que el país demanda es gastar menos, mucho menos.
Desperdicio y derroche deben de estar desterrados de nuestra realidad fiscal. Gastos políticos y funcionarios con grandes remuneraciones y baja intensidad productiva, todos ellos deben de ser agradecidos por su esfuerzo y ser cesados cuanto antes. Grandes cuentas de gasto por propaganda, publicidad y “cariñitos” a medios que favorezcan al gobierno del momento deben de acabarse. Debemos reducir el gasto hasta el hueso. La consabida lucha contra el contrabando, la evasión y la elusión deben de reanudarse. Todo cuenta con tal de evitar aumentar los impuestos a personas y empresas que harán que la economía se contraiga.
No estamos generando empleo y con la crisis podríamos producir desempleo abundante. La reducción de los gastos y la contracción de presupuestos en ningún momento deben de ser armas de agresión política contra otros poderes del estado. Los poderes del estado deben de actuar como un equipo nunca estar en pugna. Deben de ser eficientes en su actuar como mecanismo de frenos y contrapesos, nunca como blanco y origen de agresión de unos a otros.
Es lástima pensar que creímos que nuestro país iba a estar dentro de las naciones de renta alta, que la revaluación del colón no era un espejismo y que podríamos gastar mucho para satisfacción de todos los costarricenses. Algún día... hoy ni mañana será.
Emilio R Bruce Profesor





































