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La demora es ya inadmisible


El cultivo de materias primas para la elaboración de biocombustibles, así como la producción de los granos básicos, indispensables para la alimentación de la población, no deberían ser impulsados con la ya tradicional lentitud que caracteriza la mayoría de las gestiones en el país.
Los agricultores que eventualmente puedan dedicarse a ello, enfrentan desde la escasez de tierras idóneas para cada tipo de cultivo, hasta la posible falta de agua para riego, préstamos a bajo interés y capacitación.
Ante las necesidades que en esa materia tiene el país, no se ha visto con la celeridad requerida, la puesta en práctica de las medidas anunciadas como seguros de cosechas y financiamiento a bajo costo.
El cultivo de productos idóneos para la elaboración de biodiésel o etanol no debería sufrir el mismo tipo de retrasos.
Costa Rica lleva muchos años de políticas equivocadas y completa desatención a los agricultores, pero las consecuencias de esos errores deben ser subsanadas sin demoras en la actualidad, porque la crisis que vive el mundo en esta materia no admite el tradicional manejo lento que se acostumbra en el país.
No se trata en este caso de productos prescindibles o de consecución aplazable. Se trata, por el contrario, de la alimentación de la población y de la impostergable necesidad de realizar, sin más demoras, la sustitución de la base energética utilizada hasta ahora, para lo cual debe acudirse a las diversas alternativas viables en armonía con la protección de la naturaleza y el ambiente.
El agro no puede verse como una fase superada de la producción nacional, tal como equivocadamente se vio cuando se dirigió al país únicamente hacia otro tipo de desarrollo.
El campesinado debe capacitarse y ser apoyado de modo tal que se convierta en un eficiente fragmento que se sume al resto del sector empresarial y garantice el abastecimiento del país en primer término y, de ser posible, amplíe su capacidad productiva para exportación.
No hay nada que impida este desarrollo en Costa Rica, en donde lo único que falta es la voluntad política y la celeridad para pasar de una retórica innecesaria a la urgente e ineludible acción.
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