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Viernes 11 Mayo, 2012

Instituciones para el bienestar

He venido señalando la necesidad de analizar la coyuntura económica con visión de largo plazo, para adoptar cambios requeridos para un crecimiento acelerado y compartido que permitiría: disminuir la pobreza y la creciente desigualdad, progresar satisfactoriamente a la clase media y llegar a ser una democracia desarrollada de primer mundo.
Esto requiere modificar no solo el entramado económico, sino también las instituciones políticas, como lo evidencian las circunstancias actuales.
¿Qué tipo de institucionalidad caracteriza a las democracias desarrolladas? Dos obras recientes ofrecen respuestas muy respetables. El premio Nobel de Economía Douglass North y los profesores Wallis y Weingast indican que solo una treintena de países ha llegado a la organización política, social, económica que ellos denominan orden de accesos abiertos, en la cual las personas libremente forman organizaciones económicas y sociales de personalidad diferente a la de sus miembros. Eso da origen a sistemas competitivos en lo político y en la economía, y permite controlar la violencia sin necesidad de crear rentas para las élites. Y claro, se fundamenta en un Estado fuerte.
En contraposición, el orden natural o de accesos limitados, que se da desde el abandono de las sociedades recolectoras y cazadoras, predomina hoy en la mayoría de los países no desarrollados, y representa una serie de luchas de diferentes coaliciones de las élites, buscando generar rentas para ellas a costillas del grueso de la población. En ambos casos la sociedad se organiza para enfrentar la violencia, pero se configura un diferente tipo de Estado.
Por su parte, Acemoglu y Robinson en una muy importante obra recién publicada, “Why Nations Fail”, dicen que una democracia desarrollada es el producto de instituciones políticas y económicas que interactúan para crear prosperidad y no pobreza. La prosperidad depende de que se alcancen conjunta y gradualmente, y con importantes contribuciones fortuitas, instituciones políticas y económicas inclusivas, que remplazan a las “extractivas” basadas en la norma y el privilegio, y la apertura social que resulta permite los procesos de “destrucción creativa” que generan el cambio y llevan al bienestar. Tal proceso de transformación señalan requiere la existencia de una organización estatal fuerte y eficiente.
¿Contamos en Costa Rica con un gobierno fuerte y eficiente? ¿Tenemos un orden social de accesos abiertos? ¿Se facilita en el país la “destrucción creativa” que permite que nuevas formas de producir o nuevos artículos desplacen a los anteriores? Desdichadamente nuestras respuesta es un rotundo ¡NO!
Más bien prevalece la defensa de los grupos de interés consolidados, de las producciones existentes, de monopolios públicos y privados, de intereses profesionales, gremiales, sindicales y de empresarios organizados. Perduran regulaciones públicas que dificultan crear, inventar, competir. Solo la apertura a todos para competir con todos en lo económico y lo político, para organizarse con los menores costos posibles, y reglas simples y comunes, puede abrir paso a una sociedad de instituciones inclusivas y de orden económico abierto.

Miguel Angel Rodríguez E.
Ex Presidente de la República
Ex Secretario General de la OEA