El 8 de marzo constituye una fecha de reflexión crítica y compromiso social. Conmemora las luchas históricas que han permitido avances significativos en materia de derechos, al tiempo que evidencia la persistencia de desigualdades estructurales de género. Por ello, este día debe inspirar tanto el inicio como la continuidad de acciones orientadas a la construcción de una igualdad efectiva, basada en justicia, equidad y respeto a los derechos humanos.
La lucha por la igualdad ha sido predominantemente ejercida por mujeres, entre las que se destacan, a nivel internacional, Simone de Beauvoir, Rosa Parks, Emmeline Pankhurst, Rigoberta Menchú, Malala Yousafzai, Marcela Lagarde y de los Ríos, Olympe de Gouges, Clara Zetkin, Rita Laura Segato, Mary Wollstonecraft, quienes lograron cambios legales o políticos concretos, compartieron ideas y discursos que transformaron la forma de entender la desigualdad, e inspiraron movimientos colectivos más allá de sus países y épocas.
En Costa Rica Ángela Acuña Braun, Emma Gamboa, Esther de Mezerville, Victoria Garrón de Doryan, Gloria Valerín Rodríguez, Epsy Campbell Barr, Ana Helena Chacón y Yolanda Oreamuno contribuyeron en el reconocimiento de derechos políticos y civiles, acceso a la educación y participación pública, creación de políticas públicas de género y a la visibilización de desigualdades. Sin embargo, poco o nada se habla de los hombres que a lo largo de la historia también han cuestionado privilegios, denunciado injusticias y apoyado activamente los derechos de las mujeres.
En el Día Internacional de la Mujer es fundamental recordar a las líderes que han abierto y construido el camino hacia la igualdad, pero también podemos reconocer a los aliados masculinos, porque refuerza que la lucha por la igualdad no es exclusiva de las mujeres. Además, cuando los hombres se posicionan críticamente frente al patriarcado, ayudan a deslegitimar normas y prácticas que sostienen la desigualdad.
Pero no crean que son muchos los que nos han acompañados en este derrotero. Apenas he podido seleccionar a 10 que merecen estar en esta columna. Inicio con el inglés John Stuart Mill, que en 1869 defendió la igualdad legal y política cuando era radical hacerlo. Él sostuvo que la subordinación legal de las mujeres no tenía justificación moral ni racional y era un obstáculo para el progreso social. En su obra The Subjection of Women argumentó que la desigualdad entre hombres y mujeres era una forma de esclavitud social, basada en la costumbre y no en la capacidad. Además, apoyó el sufragio femenino. Por su posición de defensa de derechos de las mujeres, Mill obtuvo un rechazo mayoritario y burla social, sus ideas fueron vistas como inmorales o antinaturales y la prensa conservadora y sectores políticos ridiculizaron su propuesta de sufragio femenino.
Otro de ellos, Friedrich Engels, en 1884 analizó la opresión de las mujeres como resultado del sistema económico. Sostuvo que la subordinación femenina no era natural, sino histórica, vinculada al surgimiento de la propiedad privada y de la familia patriarcal. Para él, la dependencia económica de las mujeres era una de las principales causas de su opresión, por lo tanto, la incorporación al trabajo remunerado era esencial para su emancipación. Imagínense hablar en esa época de ¡trabajo remunerado y emancipación para las mujeres! Era juntar el sodio con el agua. ¡Explosivo! Cuando Engels propuso sus ideas sobre patriarcado, machismo e igualdad de la mujer, éstas fueron calificadas de inmorales y subversivas. Se le acusó de querer destruir la autoridad masculina, la familia y el orden social.
Frantz Fanon y Paulo Freire también fueron aliados. El primero, realizó aportes relevantes e indirectos a la igualdad de la mujer, especialmente desde una perspectiva anticolonial e interseccional. Fanon, quien nació en Martinica, en su obra “Los condenados de la tierra” (1961) reconoció la participación activa de las mujeres en los procesos de liberación, rompiendo con la imagen pasiva que les atribuía la historia colonial. Freire (brasileño) propuso una educación que rompiera con relaciones jerárquicas y autoritarias, lo que permitió a muchas mujeres reconocerse como sujetos de conocimiento y de transformación social. Brindó herramientas para que las mujeres nombraran su opresión, construyeran conciencia crítica y se organizaran colectivamente. Su concepto de concientización ayudó a que colectivos feministas identificaran la opresión de género como estructural, no como un problema individual.
Noam Chomsky, estadounidense, abogó por la defensa constante de derechos reproductivos, el feminismo y criticó al poder patriarcal. Defendió la igualdad como principio ético básico, incluyendo el acceso a la educación, la salud y la participación política. Respaldó en forma explícita las luchas feministas, reconociendo el carácter histórico y estructural de la opresión patriarcal.
El premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, apoyó la igualdad de género de manera política, jurídica y simbólica, haciéndola parte esencial de la lucha por la justicia y los derechos humanos en Sudáfrica. Integró la igualdad de género en la Constitución sudafricana y reconoció públicamente el liderazgo de las mujeres en el proceso de cambio político del país. Promovió la presencia femenina en cargos públicos y su gobierno sentó bases legales para proteger a las mujeres frente a la violencia y la desigualdad. Dirigió esfuerzos en garantizar igualdad de derechos civiles entre hombres y mujeres.
El francés Pierre Bourdieu analizó la dominación masculina como estructura simbólica y mostró cómo el machismo se reproduce incluso sin violencia explícita. En su obra La dominación masculina (1998), explicó cómo la desigualdad entre hombres y mujeres se reproduce de forma invisible y cotidiana, a través de normas, símbolos y prácticas sociales. Mostró que muchas formas de machismo no se imponen por la fuerza, sino que son internalizadas por mujeres y hombres como algo “normal” o “natural”.
Michael Kimmel, estadounidense, uno de los sociólogos más influyentes en el estudio de las masculinidades, demostró que la masculinidad no es natural ni fija, sino una construcción social que puede transformarse, lo que es clave para combatir el sexismo. Defendió que la igualdad de género no es una “causa de mujeres”, sino un proyecto colectivo que requiere la participación activa de los hombres.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano, denunció el patriarcado como sistema de dominación histórica. En sus textos muestra cómo los sistemas sociales están ligados a otras formas de dominación, como el colonialismo, el capitalismo y la opresión de los pueblos, señalando que la desigualdad de género es parte de una injusticia más amplia. Combinó historia, literatura y periodismo dando voz a personas y grupos silenciados, entre ellos las mujeres.
Barack Obama, expresidente de los Estados Unidos, defendió públicamente el feminismo y los derechos reproductivos, además de apoyar iniciativas y leyes que beneficiaron directamente a las mujeres, entre las que se encuentran el Lilly Ledbetter Fair Pay Act, que restableció la posibilidad de que las mujeres denunciaran la discriminación salarial, fortaleciendo la lucha por la igualdad de salario por trabajo igual y el Affordable Care Act – Obamacare, que incluyó avances cruciales para las mujeres, como la prohibición de cobrar más por seguros de salud por ser mujer y cobertura obligatoria de servicios de salud reproductiva, incluyendo anticoncepción.
Los hombres que han luchado por la igualdad de género han sido escasos, pero valiosos desde distintos ámbitos, porque han cuestionado estructuras de poder, impulsado procesos de cambio y defendido los derechos de las mujeres. Reconocer estos apoyos no resta protagonismo a las luchas femeninas, sino que subraya una verdad fundamental: la igualdad es posible y camina más rápido cuando los hombres asumen un compromiso activo y responsable, convirtiéndose en aliados y referentes para la transformación social.





































