¡Hallazgo lingüistico! Niños sordos crearon su propio idioma desde cero
Este fenómeno transformó la educación y la comprensión sobre cómo los seres humanos desarrollan el lenguaje
Lo que comenzó como gestos improvisados por un grupo de niños sordos en Nicaragua se transformó en la creación de una lengua de señas inédita.
Expertos como la lingüista Judy Shepard-Kegl documentaron cómo la interacción entre niños dio origen a la Lengua de Señas Nicaragüense.
Este caso reveló que la capacidad del lenguaje es innata, pero solo florece en comunidad.
Reunidos por primera vez en un aula, sin un idioma común, los niños sordos nicaragüenses de los años 80 comenzaron a inventar señas, reglas y estructuras gramaticales que pronto se convirtieron en un lenguaje vivo.
Ni los maestros ni el gobierno planearon su creación; fueron los propios niños quienes, con urgencia comunicativa y creatividad innata, construyeron un idioma desde cero.
Lo que ocurrió en Managua no solo cambió la vida de la comunidad sorda nicaragüense: también revolucionó el entendimiento global de cómo surgen y evolucionan los idiomas.
"Vi una comunicación que me resultaba muy difícil de comprender. Cada persona era diferente, había mucha variabilidad. Creo que es natural, pero necesita compañía. Es necesario tener esa razón para usar el lenguaje. Compartimos el respeto por la complejidad y el valor del idioma que ellos crearon. Ellos hicieron el resto", dijo la investigadora.
De todos los cambios que surgieron en Nicaragua tras el derrocamiento del régimen de Somoza por parte de los sandinistas en 1979, quizá el menos anticipado fue el nacimiento de un nuevo idioma.
La Lengua de Señas Nicaragüense es el único idioma creado de manera espontánea, sin la influencia de otras lenguas, que ha sido documentado desde su nacimiento.
Y aunque surgió en un período de conflicto civil, no fueron actores políticos, sino niños sordos quienes crearon el vocabulario, la gramática y la sintaxis únicos de la lengua.
Cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional tomó el poder, emprendió lo que se describió como una “cruzada de alfabetización”, desarrollando programas para promover la fluidez en la lectura del español. Una de estas iniciativas fue la apertura de la primera escuela pública para educación de personas sordas, el Centro de Educación Especial Melania Morales, en el Barrio San Judas de Managua.
Estos niños, con edades de entre cuatro y 16 años, no tenían experiencia con lengua de señas más allá de los “signos caseros” que usaban con sus familiares para comunicar conceptos generales.
La Lengua de Señas Americana (ASL, por sus siglas en inglés), que existe desde inicios del siglo XIX, se utiliza en todo el continente americano y a menudo se considera una “lengua franca” entre personas sordas cuya primera lengua de señas es nacional o regional. Sin embargo, la primera escuela para sordos en Nicaragua no utilizaba ASL ni ninguna otra forma de señas. En cambio, se enfocaban en enseñar a los niños a hablar y leer los labios en español.
Esta estrategia educativa, conocida como “oralismo”, ha sido durante mucho tiempo objeto de debate en la educación para sordos, uno particularmente intenso en Estados Unidos, donde se originó el ASL.
Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, algunos defensores de la educación de sordos creían que la capacidad de hablar y leer labios sería más beneficiosa para las personas sordas que el “manualismo”, es decir, la comunicación mediante lengua de señas.
La inmersión en inglés para personas sordas formaba parte de un esfuerzo más amplio, ejemplificado por el movimiento eugenésico, que buscaba eliminar diferencias dentro de la población estadounidense.
En Managua, en la década de 1980, aunque libre de la influencia de los eugenistas, el enfoque sandinista en la alfabetización en español dio como resultado que los estudiantes sordos se sumergieran en habilidades de habla y lectura del español. Pero mientras los niños sordos del país aprendían español dentro del aula, fuera de ella desarrollaban de manera espontánea su propio método de comunicación mediante señas.
Todos los idiomas tienen gramática y sintaxis, pero los primeros niños de la escuela para sordos de Managua no tenían un modelo de cómo funcionaba un idioma, ya que habían estado aislados de lenguas orales, escritas y de señas toda su vida, comenta Shepard-Kegl.
Cuando los niños interactuaban, en lugar de adaptar sus señas para encajar en una lengua existente, desarrollaron algo único. Aunque los estudiantes mayores tenían más experiencia de vida, en realidad fueron los niños más pequeños quienes impulsaron el desarrollo de la lengua.
“A medida que uno crece, sus instintos lingüísticos tienden a disminuir”, dice Shepard-Kegl.
“Muchos de esos niños mayores no generaban gramática como lo hacían los más pequeños. Ellos copiaban la gramática que generaban los pequeños”, acotó.