ES DE BIEN NACIDOS
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ES DE BIEN NACIDOS…

La actitud de agradecimiento masivo que mostró en toda hora el pueblo tico ante la donación de un esplendoroso estadio por parte del pueblo chino, fue la nota más relevante de los actos inaugurales del sábado.
A pesar de que en algún momento se vendió la publicidad como si el Estadio lo hubiera regalado Shakira, el pueblo sabe muy bien que China puso la obra de $90 millones, puso los 2 mil obreros (los heridos, un muerto), el espectáculo de luz, la danza de los mil brazos y la pirotecnia. Y, de feria, trajo su selección nacional de fútbol para que nos dejara saborear las mieles del gol en una jornada de calidad apenas regular. O sea, era una noche para dar las gracias. Y se dieron.

Ahora, con todo lo bello, funcional y luminoso que es, el nuevo Estadio constituye apenas un símbolo de lo que supuso un trascendente viraje político y de lo que será una nueva relación entre naciones, cuyo futuro se mira tanto o más luminoso que el propio graderío entre los fuegos de artificio. Por eso había que agradecer mucho.
Y los dignatarios supieron hacerlo. Cada uno a su manera.
El ex presidente Oscar Arias ingresó bajo una recia silbatina, pero mantuvo su entereza y ambición de estadista para calmar a las galerías con un acento poético en el discurso y una certeza absoluta de que la gran estructura por él auspiciada, además de hermosa, será imborrable.
“Los pueblos tienen que crecer y madurar”, dijo, como para evocar a todos los que no entendieron la céntrica ubicación del coloso y, sobre todo, a los que no asimilaban la nueva relación con China, potencia mundial con la que debíamos estar aliados desde mucho antes, como ahí mismo lo reconoció, y debió hasta vanagloriarse de ello, porque ambos riesgos lo perfilan como un visionario, aunque las masas no le perdonan cierta arrogancia, ciertas tortas de su gobierno y ni siquiera se rieron con su auto burla de las orejas largas.
La presidenta de la República, Laura Chinchilla, fue más aplaudida, pero menos inspirada en su alocución, aunque también fue generosa en dar las gracias: a los chinos y al propio Arias, con quien se congració un poquitillo después de los distanciamientos del caso Calero y del rodriguismo prematuro.
Ella fue más anecdótica, más calendarizada, pero al postular los retos del país con esa gran obra como ejemplo, no tuvo reparo en distinguir que “esta cambia para siempre el panorama de nuestra capital” y debería cambiarnos a todos en contra del cortoplacismo y la mediocridad imperantes.
Chinchilla agradeció emocionada a los grandes deportistas allí presentes y afirmó que el nuevo estadio deberá estimular grandes realizaciones en lo deportivo, en las artes y en el desarrollo general del país.
El delegado pekinés, Chen Changzhi, no cabía de la felicidad ante su nueva siembra. Fue preciso, diplomático y elogioso. Estaba tirando los andamios para lo que falta del larguísimo puente China-Centroamérica. Pero a un oriental poco le arredra que el camino sea largo, si su civilización de 5 mil años ha esperado todo ese tiempo para dar el primer salto hacia el desarrollo.
En fin, la hermosa noche del Estadio fue un brillante acercamiento de culturas, un abrazo de pueblos y todos teníamos que agradecerlo y aplaudir. Por eso no resultó muy justa en ese momento la silbatina popular contra quien lo había planificado en secreto, porque lo había divisado primero.
Pero el futuro enmendará el gazapo, pues los pueblos saben bien que es de bien nacidos el ser agradecidos.
Ya lo verán.

Carlos Morales
Escritor y periodista
Para La República



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