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En vísperas del referéndum

Arnoldo Mora

Vive Costa Rica hoy unas jornadas históricas comparables tan solo a las que escribió con sangre de héroes en 1856. Es dentro de esta atmósfera que los costarricenses estamos escribiendo con nuestro puño y letra una bella página de la historia patria al someter a un referéndum la aceptación o rechazo del TLC. Porque lo que en realidad está en juego en el referéndum del próximo 7 de octubre es si los costarricenses aceptamos o rechazamos la ideología neoliberal de los grupos oligárquicos y del capital transnacional que, de imponerse, vendría a profundizar la dependencia neocolonial de nuestro país.
La consulta al Soberano constituye una derrota de la clase política tradicional, que se ha mostrado incapaz de conducir al pueblo por senderos de democracia y equidad, por lo que ahora está en el banquillo de los acusados. El pueblo busca otro rumbo. Por eso los verdaderos protagonistas de esta jornada histórica no han sido los dos partidos políticos tradicionales, que se han mostrado irreconciliablemente divididos. Al sector liberacionista hegemonizado por los Arias se le ha opuesto la figura histórica más relevante de ese partido, D. Luis Alberto Monge. Por su parte, en el menguado Unidad su actual presidente, Luis Fishman, se manifiesta en contra del TLC. Solo una fuerza emergente como el PAC se muestra compacta en su dirigencia y en sus bases en su oposición al TLC.
Por eso, han sido las organizaciones de la sociedad civil las que se han convertido en el protagonista principal en esta campaña previa al referéndum. Pero no lo han hecho de manera anárquica ni caótica, sino a través de las instituciones de mayor significación ética y cívica, como son las universidades públicas, el clero católico, las fuerzas sociales, los intelectuales y los artistas. Pero lo más novedoso ha sido la organización popular que se extiende en todo el territorio nacional y está conformada por los más variados sectores sociales. Me refiero a los comités patrióticos, que configuran la fuerza emergente más significativa que, sin duda, será hegemónica en la configuración de la nueva Costa Rica que ya se gesta.
Al pueblo organizado se suma la gran mayoría de los sacerdotes y de los intelectuales, 96 sacerdotes hicieron público un documento en la Sede de la Conferencia Episcopal, en que manifiestan que el TLC es inmoral por lo que llaman a rechazarlo. En los días siguientes otros 25 sacerdotes se han sumado a los firmantes. Y para corroborar lo dicho por ellos, los tres obispos eméritos, Ignacio Trejos, Héctor Morera y Antonio Troyo responden a las preguntas planteadas por sus colegas de la Conferencia Episcopal sobre la moralidad del TLC, diciendo que el memo es inaceptable a la luz de los principios de la ética cristiana.
El pueblo se ha manifestado a través de los comités patrióticos, la conciencia cívica se ha expresado a través de las universidades públicas, la conciencia ética ha levantado su voz por medio de la inmensa mayoría de los sacerdotes, la Patria lo ha hecho gracias a la pluma y el talento de un sinnúmero de intelectuales y artistas. Todo ese torrente incontenible de ideas y sentimientos se une para decir NO el próximo domingo, con lo que Costa Rica, estoy seguro, escribirá una de las más bellas páginas de nuestra historia, al igual que lo hicieran nuestros antepasados en 1856.
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