Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 16 Agosto, 2010



Trasladar el Primer Poder de la República fuera del centro josefino dista mucho de ser una buena idea

El político casa quiere

Dicen que el casado casa quiere. Casar significa poner en una sola casa. Por lo tanto casarse o vivir juntos en la misma casa es la misma cosa. Más temprano que tarde los casamientos o convivencias entre personas del mismo sexo serán legales en nuestro país. No me cabe la menor duda.
Pero me estoy yendo por las ramas de la casa cuando en realidad mis divagaciones iban orientadas hacia otros hábitats: los de los políticos.
Desde hace décadas cada vez que un funcionario público asume sus tareas ingresa al despacho que dejó su antecesor e intenta redecorarlo a su gusto. Está bien, todos queremos un entorno acogedor para realizar nuestro trabajo de manera óptima. En algunos casos es posible incluso cambiarse a otra oficina del mismo edificio. En casos extremos el jefe quiere directamente mudarse a un nuevo inmueble.
En 2006 el deseo del entonces mandatario Arias por no hablar de capricho de ubicar la Casa Presidencial en el Centro Nacional de la Cultura, se vio frustrado no solo por una fuerte oposición pública, sino por lo absurdo de la propuesta.
Y aunque tuvo que abandonar esta primera idea, don Oscar no cejó en su empeño de proveer una nueva vivienda a la Presidencia y cuatro días antes de irse de Zapote casa que siempre le disgustó colocó una placa en el medio de la nada una nada que no había ni ha sido adquirida por el Estado para asegurarse que allí se construiría la nueva sede del Gobierno.
Ya fuera porque los terrenos eran privados y sus dueños ni siquiera conocían los deseos del señor Presidente o porque su amigo don Alfredo Ortuño no fue confirmado por el nuevo Gobierno en el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la cosa o la casa en este caso es que el proyecto se desvaneció.
Uno podría creer que habiendo fracasado la idea de acercar la Casa Presidencial a la Asamblea Legislativa ahora se intenta lo contrario. Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Porque la Asamblea Legislativa pretende trasladarse a escasos metros de la casa de Gobierno de Zapote.
Sí, es cierto que el Ministerio de Salud declaró inhabitables tres edificios de Cuesta de Moras y ha considerado su desalojo. Sí, es verdad que los diputados no cuentan con instalaciones apropiadas para realizar su trabajo. Sí, es posible que la construcción que don Gerardo Villanueva descubrió “por casualidad” sea óptima desde el punto de vista del espacio físico. Pero como siempre el deseo de tener una nueva casa, basado esta vez en la necesidad, no deja de ser una ocurrencia.
Ya bastantes problemas han tenido los vecinos de los alrededores de la Casa Presidencial cuando diversos manifestantes bloquean las calles. Pero ante la Asamblea Legislativa la presencia de grupos populares que pretenden hacer oír su voz es más frecuente y absolutamente necesaria.
En San José se ha intentado de manera tímida y con grandes dificultades realizar un planeamiento urbano. Trasladar el Primer Poder de la República fuera del centro josefino dista mucho de ser una buena idea.
Y aunque es lógico que el político casa quiere, el problema no puede resolverse como una ocurrencia, un resultado de la casualidad o un capricho de los jerarcas de turno.

Claudia Barrionuevo
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