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Jueves, 24 de septiembre de 2020



FORO DE LECTORES


El juez impoluto

| Martes 04 diciembre, 2012


El pueblo no comparte la existencia del juez con yugo que todo lo ve de un solo color y resuelve bajo ese patrón, menos al que se transforma en simple pieza de ajedrez, factible al movimiento y acomodo de algún interés


El juez impoluto

Todo Estado cuya sociedad se ha desarrollado bajo el sistema democrático sabe que existe, como elemento esencial del mismo, la división de poderes. Ello es requisito fundamental para lograr el equilibrio en la convivencia pacífica. Y sabe que el Poder Judicial es la fuente donde tiene que emanar la justicia, razón por la cual los habitantes de la República, no solo aspiran, sino que exigen la existencia de jueces, magistrados y juicios con carácter impoluto.
En las sociedades carcomidas por la injusticia y la doble moral algunos hombres pierden el sentido del deber, y los intereses creados obstaculizan la justicia sin medir las consecuencias y el daño que les producen a las mayorías sociales, desconociendo que el hombre justo no participa de la complicidad en el mal, que este tipo de hombre tiene claro que la justicia no consiste en ocultar las lacras, sino en eliminarlas.
Es por ello que el hombre justo, juez o magistrado camina con la frente en alto, con la cerviz erguida, y es ejemplo para quienes escuchan sus lecciones de vida, sin dar importancia a las amenazas, ya que el pueblo no comparte la existencia del juez con yugo ni al daltónico que todo lo ve de un solo color y resuelve bajo ese patrón, menos aún acepta al que se transforma en simple pieza de ajedrez, factible al movimiento y acomodo de algún interés amigable o ideológico.
Por lo tanto las mayorías siempre apoyarán por diferentes medios al juez o magistrado cuya carrera laboral es transparente inmaculada, y que sin temor siempre dice la verdad porque las multitudes en estado de reflexión siempre preguntan, ¿quién ha de poder silenciar el canto de la alondra?
El Poder Legislativo tiene señaladas sus obligaciones entre los artículos 121 al 129 constitucionales, al Ejecutivo se le determina su función entre el artículo 130 al 149, al Judicial entre el 152 al 167 del mismo cuerpo de leyes, y los tres poderes deben tener muy claro el contenido del artículo 158, cuya eficacia dependerá del cumplimiento en los plazos indicados en el mismo.
El diálogo transparente debe ser siempre un instrumento al servicio de la democracia que permita marcar senderos que conduzcan a la concordia, evitando conflictos innecesarios entre quienes están llamados a dar ejemplo de actuar en justicia, siendo esta, el verdadero equilibrio entre la moral y el derecho.
La Patria espera la llegada de las horas de resurgimiento, y para ello es válido recordar una frase de inicios del siglo pasado expresada por el filósofo José Ingenieros refiriéndose a la justicia: “el hombre justo es, por fuerza, estoico, debe serlo siempre y con todos, saber decir ¡no! a sus allegados y así mismo, cuando le asalta una sensación injusta”.
En nuestro país, en la pléyade de la jurisprudencia hay hombres que en múltiples ocasiones al emitir sentencia se apartan del voto de la mayoría, porque así lo dictan sus principios y su ética, ellos son como la planta del bambú, que por más fuertes que soplen los vientos nunca se doblan, y dicen muchos costarricenses, que en la Sala Constitucional hay un magistrado de apellido Cruz que es similar a las plantas de bambú y su accionar judicial es impoluto.


Alvaro Chaves Sánchez
Exdiputado Heredia
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