El abrazo del cambio
Luis Guillermo Solís, y Freddy Solís, su padre, protagonizaron el momento más emotivo de la ceremonia del traspaso de poderes. Marco Monge/La República
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Padre acompañó a Solís en la tarima; su madre lo hizo en el discurso

El abrazo del cambio

“Hay que aferrarse tercamente a la capacidad de soñar”

Uno de los abrazos más emblemáticos de los últimos años es posible que figure en la mayoría de las portadas de los periódicos. Y no es para menos. Fue lo primero que hizo Luis Guillermo Solís como nuevo Presidente de la República.
Se juramentó, recibió la banda presidencial a manos de Henry Mora e inmediatamente fue acompañado por Freddy Solís, su padre de 89 años de edad, con quien caminó al borde de la tarima para dar su primer saludo como jefe de Estado.
Fue ahí donde los fotógrafos capturaron el momento de la tarde: Luis Guillermo, profesor universitario y Freddy, zapatero jubilado, se fusionaron en un abrazo que pasará a los libros de historia como uno de los símbolos del cambio de aires en la política nacional.
El excandidato y ahora Presidente, se mostró como un hombre de familia en plena campaña y su figura paternal cautivó a miles de costarricenses que depositaron su voto en él.
Solís no perdió esa imagen de hombre de familia por un instante. Lo primero que hizo antes de dar su discurso presidencial, fue besar a Mercedes Peñas, compañera sentimental y ahora primera dama.
Como era de esperar, Solís fue el más laureado de la ceremonia, superando por muy poco a Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, quien recibió el calor del público con una ovación que se hubiera deseado Laura Chinchilla.
La ceremonia parecía orquestada por el mismo Solís. En pleno receso de los diputados, un grupo de estudiantes del Castella recitó “Nocturno sin patria”, poema de Jorge Debravo, aclamado poeta turrialbeño.
Acto seguido, la canción “Soy tico”, de Carlos Guzmán, interpretada por la orquesta del Sinem, mostró parte de ese sello nacionalista y arraigo cultural que lleva el próximo Gobierno.
Como hombre aterrizado y de familia que dice ser, Solís se guardó la última parte de su discurso para hacer suyo un consejo de su fallecida madre Vivienne Rivera, quien trabajó como educadora a lo largo de su vida.
“El propósito de la existencia es insondable solo para quienes no tienen capacidad de ilusionarse, porque se encuentran atrapados en las redes terribles de lo práctico. En esta civilización materialista, donde el consumo ha hecho sucumbir al ingenio, hay que aferrarse tercamente a la capacidad de soñar que es un atributo especial de humanidad”, relató Solís, 30 minutos después de fundirse en un abrazo con su otro progenitor.
Fue un abrazo fuerte, familiar e íntimo, en donde el nuevo Presidente se aferró por unos segundos a esa figura paternal en quien se ve reflejado. A partir de ahí, tomó aire y dio el discurso que jamás se imaginó dar.

Luis Fernando Cascante
[email protected]
@La_Republica

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