Descabezamiento de carteles dispara ola de homicidios en México
Enrique Peña Nieto, presidente de México en el Consejo de Gobierno número 53.
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Tres años después de que los mexicanos eligieron al presidente Enrique Peña Nieto por su promesa de poner fin a los homicidios y la violencia que asolan el país, los asesinatos volvieron a los días oscuros de la administración de su predecesor.
El número de homicidios aumentó un 15% y ascendió a 9.400 en el primer semestre en relación al mismo periodo del año anterior, dijo el Gobierno en julio, con lo cual alcanzaron los niveles del mandato del expresidente Felipe Calderón.
Pero las muertes ligadas a las drogas crecieron todavía más, según una cuenta: el diario Milenio, que monitorea las muertes relacionadas al crimen organizado desde 2006, informa un alza del 33% hasta julio.
El resurgimiento de la violencia de los carteles contrarresta los esfuerzos de Peña Nieto por combatir los delitos más mortales descabezándolos.
Se da en un momento en que el país ya está desilusionado por un crecimiento económico inferior a los pronósticos del Gobierno, escándalos de corrupción y la incapacidad del Presidente para resolver el caso de 43 estudiantes a casi dos años de su desaparición a manos de policías aliados a traficantes de heroína.
“En realidad no hay un conjunto coherente de políticas para reducir la violencia”, dijo Alejandro Hope, que trabajó en un puesto directivo en la agencia de inteligencia de México, conocida como Cisen, de 2008 a 2011. “Lo que se ve es que todavía hay una importante debilidad institucional sin corregir”.
El aumento de los asesinatos destruyó la popularidad de Peña Nieto. Su índice de aprobación se hundió al 23% en una encuesta publicada la semana pasada por el diario Reforma, el nivel más bajo desde fines de los 90, frente al 30% en abril. El 71% de los encuestados no estaba de acuerdo con la forma en la que el Presidente está combatiendo el crimen organizado.
La captura del jefe narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del Cartel de Sinaloa, probablemente haya influido en el resurgimiento.
El vacío de poder dejado por El Chapo presagia todavía más muertes porque Peña Nieto se concentró demasiado en derribar a los capos de la droga y no lo suficiente en desmantelar a los operadores de nivel medio que combaten despiadadamente por ocupar las posiciones dejadas por los jefes capturados, dice Vanda Felbab-Brown, miembro de la Brookings Institution en Washington.
En su intento por avanzar, aumentaron bruscamente las matanzas entre bandas rivales en estados que no eran objetivos tradicionales del crimen organizado, según Eurasia Group, como el centro industrial de Guanajuato, o atracciones turísticas como Baja California Sur.
Algunas de las víctimas del aumento de la delincuencia son familias enteras. Muchas fueron asesinadas a tiros en sus casas, inclusive mujeres y niños, en el violento estado de Tamaulipas. También quedaron en la mira funcionarios del Gobierno.
Tres alcaldes fueron asesinados en estos últimos 30 días y se arrestó a un cuarto acusado de participar en los homicidios de diez hombres cuyos cadáveres carbonizados fueron hallados en el estado de Michoacán, en el oeste del país. Y después está el asesinato de un director de concursos de belleza, abatido horas después de coronar a la ganadora de Miss Sinaloa.
Cuando asumió Peña Nieto, él prometió devolver el ejército a los cuarteles y usar más inteligencia y coordinación entre las fuerzas de la ley para reducir la violencia. Nada de eso sucedió, según Martín Barrón, investigador de Inacipe.



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