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Lunes, 2 de agosto de 2021



NOTA DE TANO


Cuenta la leyenda que en 1999 empezó el desastre

Gaetano Pandolfo gpandolfo@larepublica.net | Lunes 21 junio, 2021

Jack Warner, el títere de Blatter

En el año de 1999 se reestructuró la Federación Costarricense de Fútbol, la cual fue fundada en 1921 por un grupo de clubes, entre ellos Alajuelense, Cartaginés, Herediano, Gimnástica Española, La Libertad y nacen varias ligas.

A partir de ese momento se crea la Liga de Primera División, Segunda División, Fútbol Aficionado, Fútbol Femenino, Fútbol Sala y Fútbol Playa. Todas ellas conforman lo que se conoce hoy como la Asamblea de la Federación que dirige un Comité Ejecutivo y aquí empezó el desmadre.

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Nace UNAFUT, que se encarga principalmente de organizar y administrar el Campeonato actual de Primera División, Alto Rendimiento y Juvenil Especial.

La incorporación de tantas ligas y asociaciones que nada tienen que ver con el fútbol profesional, fue la que dio entrada con visa y pasaporte oficial a la corrupción, en la organizacion de nuestro deporte favorito, cuando una serie de “personajillos” de bajo nivel académico, adquirieron presencia, voz y voto en el maravilloso mundo que desde el Viejo Continente, controla una multinacional cuestionada y salpicada por actos corruptos que se llama doña FIFA.

Desde luego que en estas Ligas incorporadas a la Federación de Fútbol y también en ésta, existen dirigentes con credenciales y valores éticos y morales que desarrollan responsable y honestamente sus funciones.

Lo que sucede, es que son marginados y sepultados por los “vivillos” de siempre, esos que rápido olfatean que entraron a un núcleo directriz que los va a premiar y recompensar generosamente, si dejan la ética, la moral, principios y valores personales en la cocina de su casa.

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Así nacen, crecen y se multiplican en los pasillos de las Asambleas donde se planifica el fútbol costarricense, los Jack Warner criollos.

¿Cuál fue la misión de Warner en Concacaf?

Sobornar dirigentes con diferentes regalías para amarrar sus votos y así sostener el imperio que desde Suiza controlaba Joseph Blatter. Los dos terminaron acusados por corruptos.

Lamentablemente en la organización de nuestro fútbol, contamos con dirigentes y personajes que repiten las conductas inapropiadas de Blatter, Warner y los jerarcas corruptos de las islas caribeñas.

A estos les llenaban los bolsillos de dólares o se levantaba estructura futbolística en sus arruinadas naciones. Los nuestros son más baratos; basta un viaje a Panamá para lograr su voto o separarles asiento a Qatar para comprar sus almas.

gpandolfo@larepublica.net

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