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Lo que hay que hacer, lo que se pospone de gobierno en gobierno, se toca apenas por encima, algunas veces, probablemente dándole más importancia al costo político que esto pueda tener que al clamor de los costarricenses


Consecuencias de “patear la bola”

Cuando los partidos políticos no administran bien un país, como sabemos, empiezan a surgir los problemas, al igual que ocurre en una casa de familia.
Hoy los costarricenses se ven abrumados por múltiples problemas que se han dejado de lado aun sabiendo que requerían atención y acciones que garantizaran su sostenibilidad, buen funcionamiento y servicios oportunos y de calidad.
Desde instituciones creadas por una ley especial, que señala claramente la misión que deben cumplir, como es la Caja, hasta la infraestructura vial, por mencionar solo dos asuntos, no han sido atendidos como era necesario por el actual gobierno desde su inicio, y tampoco por el gobierno anterior.
Lo evidencian los innumerables problemas por mala administración de la Caja, que la tienen en el estado actual, y contratos o licitaciones mal planteados, sin buen seguimiento y controles, que han perjudicado y siguen afectando negativamente a la población desde hace años.
También el acceso a diversas oportunidades se les niega a muchos por falta de decisiones y acciones acertadas que debieron originarse en una visión país aceptada por consenso por las diferentes corrientes políticas que actúan desde la Asamblea Legislativa.
Ahí y en el resto del Estado, pareciera que se actuó por ocurrencias consideradas buenas y que pueden haber beneficiado a algunos grupos pero que no responden a las necesidades y anhelos de todos los costarricenses.
Eso, entre otros factores, ha llevado, como lo dice el título de una nota hoy en este medio, a “patear la bola” en muchos casos, como si eso solucionara algo o estuviera dentro de las obligaciones de quienes aspiran al poder y luego lo ejercen.
Lo que hay que hacer, lo que se pospone de gobierno en gobierno, se toca apenas por encima, algunas veces, probablemente dándole más importancia al costo político que esto pueda tener que al clamor de los costarricenses.
Eso se agrava aún más en tiempos preelectorales y de plena campaña política para las elecciones nacionales, como ocurre en la actualidad.
Los diputados que esperan encontrar trabajo en el próximo gobierno evitan tomar decisiones que eventualmente podrían disgustar a una parte del electorado, porque se acerca el momento de volver a pedirle el voto con más promesas vacías.
Así, en este carrusel errante e infuncional de dirección y administración de la nación en que gira Costa Rica desde hace años, nos vemos hoy agobiados por problemas que, además, se agravan con la crisis económica y ética mundial.

 

 


 



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