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Para nadie es un secreto que cuando nos enamoramos, vivimos un mundo de fantasía e idealización, y parece que nos pusieran una venda en los ojos, tan “apretada” que nos bloquea el funcionamiento correcto del cerebro, como que no le llega oxígeno. Estoy segura, que podríamos enumerar errores y horrores, sin ningún inconveniente, todos hechos “por amor”. Y por ende, metemos en un baúl, el corazón, la sonrisa y la dignidad; para sacar del barro y untarnos de miedos, desconfianza, lagrimas; pero ¿Es realmente el enamoramiento el problema?

¿Por qué siempre que hablamos de enamorarnos, pensamos automáticamente en una pareja? ¿Por qué no nos enseñan a enamorarnos de nosotros mismos? ¿Por qué nuestro primer amor es siempre alguien más? Aprendemos a vivir para otro, en función del “que sienten por mi”, “amando” aunque no me amen. Desafortunadamente, si tenemos problemas con la autoaceptación, especialmente cuando la apariencia física determina cuánto nos amamos y respetamos, con mayor frecuencia nos vemos buscando excusas, dando explicaciones innecesarias e intentando evitarnos a nosotros mismos, para admitir que permitimos a los demás manejarnos a su antojo “en nombre del amor” porque inconscientemente “aceptamos el amor que creemos merecer”.

Si, al igual que yo hace un tiempo, vive aceptando los sobros de cualquiera, con la excusa de que “el amor duele si vale la pena”, explicando que “me trata así porque quiere lo mejor para mi”, justificando que “me dice las cosas sinceramente, soy yo quien las toma de mala manera”, lamento decirle que no tiene dignidad y por lo tanto, no está viviendo. Después de años de autorechazo perdí el amor y el respeto por mi misma, un día olvidé mi valor y dignidad. Me encontré cortando mis alas, para no volar más alto que aquel “a quien amaba”, sacrifiqué mis metas para que otros alcanzaran las suyas, perdoné errores porque “todos nos equivocamos”, limité mis sueños para no opacar el de los demás, dejé de expresarme y decir lo que sentía para no molestar, para evitar un pleito, para que no me dejaran, porque tenía miedo de perder mi horrorosa, humillante y desgastante zona de confort.

Así es, tal vez al igual que usted ahora, me amaba tan poco, que no podía imaginar mi vida sin sufrir, era mi estado normal, experta en sonrisas fingidas y un positivismo casi forzado que me ayudó a seguir respirando. Hasta que un día, como les he contado, sentada en el fondo, cansada, humillada a nivel de “menos cucaracha”, al oído escuché: “Revístete de fuerza y dignidad, que el día de mañana no te preocupe, porque yo estoy contigo”. Y vi, sentada a mi lado, por primera vez, a la sra. Dignidad.

La dignidad no busca la aprobación de alguien o de la sociedad, sino la aprobación de uno mismo, es cuando alguien se hace valer y cree que puede lograrlo todo, es el sentimiento que una persona tiene cuando se tiene respeto a sí misma, no importa cuántos obstáculos haya en su vida, la persona con dignidad NUNCA creerá que no vale nada. “Lo malo es que si la dignidad no se pone a prueba, es sólo una palabra".

Ha sido un proceso largo, una relación con la dignidad no es fácil de lograr, al principio se siente como orgullo, de pronto parece vanidad, pero con el tiempo nos da una cita para sentarnos a conversar con la que si nos lleva por un camino satisfactorio y duradero, la sra. Autoestima.

Armarse de valor y dejar atrás las costumbres que nos lastiman, sacar de nuestra vida a las personas que nos hieren y nos hacen vivir a medias, no es nada sencillo. No tenga miedo, primero vendrán las excusas, los falsos motivos por los cuales quedarse (estabilidad, dinero, tiempo, hijos, edad, contratos, acuerdos…), llegará la angustia de si es un error irse, el común temor “al que dirán” y el típico “y ahora que hago”, pero le prometo que eliminar de su vida todo aquel que no le valora, es el primer paso para que la sra. Dignidad saque la mejor versión de usted mismo y le muestre que solo por hoy, vale y le dé un par de cachetadas para entender que la única persona responsable de darle alegría, felicidad, éxitos y amor, es la que está ahí leyendo. ¡USTED!. Cuando eso pase, los demás, los que sean correctos para su vida, le amarán.

“A medida que aprendí a tener amor propio, me liberé de aquello que no me hace bien: comidas, personas, cosas y situaciones que me empujaban al lodo del desánimo. Al principio a eso lo llamé egoísmo. Hoy sé que es amor propio.” C.Chaplin.

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