Alberto Cañas

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Sábado 29 Junio, 2013

Hay algo que medio reconforta al observador, y es la convicción que se va arraigando en los ciudadanos de que, cualquiera vaya a ser el resultado de la elección del próximo febrero, las cosas van a cambiar


Chisporroteos

Cada cierto número de días, un proyecto del Poder Ejecutivo echa marcha atrás en medio de la satisfacción pública y de la amenaza de una demanda multimillonaria por daños y perjuicios contra el Estado. Esto ha incluido tanto proyectos del actual gobierno como del gobierno anterior.

Si uno observa las cosas con cuidado, esto es consecuencia de la fata de criterio con que nuestros recientes poderes ejecutivos se han embarcado en contrataciones y en compromisos de daños y perjuicios, en asuntos que bastaba verlos desde lejos para acatar que eran inconvenientes cuando no ilegales e ilegales cuando no inconstitucionales. Hemos andado así en el Poder Ejecutivo durante casi una década.

Debería haber una disposición constitucional que establezca que el funcionario que haya embarcado al gobierno en un asunto que ha de resolverse en daños y perjuicios, deberá ser condenado a pagar él esos daños y esos perjuicios. Tal vez así se consiga que sean menos inclinados a conceder cuanto les piden y a firmar cuanto les someten y una cuarta más.

Pasarán años. Tal vez muchos, tal vez pocos, pero llegará un momento en que habremos de pagar esos daños y esos perjuicios, y no es justo que los paguemos entre todos, cuando hay claramente y señalablemente ciudadanos que son los culpables de la metida de pata y que no deben quedar impunes.

Hay algo que medio reconforta al observador, y es la convicción que se va arraigando en los ciudadanos de que, cualquiera vaya a ser el resultado de la elección del próximo febrero, las cosas van a cambiar, el equipo humano va a cambiar, y las posibilidades no son de que las cosas empeoren, sino todo lo contrario.
Y un cambio pequeño puede conducirnos a un cambio grande cuatro años después. Probablemente este columnista no lo verá pero no le cuesta mucho predecirlo.

Alberto F. Cañas