Alberto Cañas

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Sábado 2 Octubre, 2010


Chisporroteos


Esta semana que hoy termina ha sido una especie de apoteosis de nuestra Guerra de Independencia, la de 1856-1857, el sesquicentenario de cuyo final y de la victoria costarricense fue hediondamente ignorado el 1 de mayo de 2007 por el gobierno de Arias.
Lo que hemos vivido es la conmemoración del sesquicentenario del fusilamiento (Crimen de Estado lo han llamado en estos días) de Juan Rafael Mora y José María Cañas, y la declaración por la Asamblea Legislativa de que Mora es Héroe y Libertador de Costa Rica, en medio de algunas publicaciones deleznables y mezquinas de quienes parece que le cobraran a Mora el haber impedido que aquí hablemos inglés.
El acto legislativo tuvo enorme lucimiento, y el hermoso retrato de Mora que se colgó en el salón de los libertadores, acompañando a Bolívar, Juárez, Martí, O'Higgins, San Martín y Washington, recoge por parte de Costa Rica la tesis sostenida en América del Sur y Europa, de que la batalla de Santa Rosa detuvo el llamado “Destino Manifiesto” que pretendía que el Mar Caribe debía ser una especie de lago interior de los Estados Unidos.
Como nunca faltan mezquindades, un torpe diputado alajuelense intentó detener el asunto como si el heroísmo fuera una competencia entre el Presidente Mora y Juan Santamaría, pero dichosamente esa tontería no duró mucho. Y la publicación malintencionada de las acusaciones de que se ha hecho objeto a Mora a lo largo de los años, sobradamente conocidas y sobradamente desechadas como pretexto para menoscabar su gloria, no interesó a nadie, y no solo por inoportuna, y los costarricenses la hemos tomado como en los Estados Unidos recibieron hace algunas décadas la afirmación de cierto profesor de historia de que Abraham Lincoln golpeaba a su esposa.
La del 56 es nuestra Guerra de independencia. Distinta a las de los otros países de América, porque no fue una guerra para obtener, sino una guerra para defender la independencia que ya teníamos.
Conviene también que se divulgue la estupenda obra de gobierno que llevó Mora a cabo antes de que Walker apareciera en Nicaragua. Hay un gran gobernante anterior a la Guerra que debemos conocer y divulgar su obra.
Está en pie el grandioso proyecto de convertir la calle 2, entre avenidas 1 y 4, en un bulevar dedicado a la Guerra, donde se erigirán por fin las estatua de José María Cañas y José Joaquín Mora, y probablemente un muro donde consten los nombres de los costarricenses que murieron en la Guerra. Me cuentan que la financiación de este proyecto memorable va avanzando.
Me ufano de mi contribución a esta especie de Epifanía nacional, que consistió en la lectura, en el museo Juan Santamaría de Alajuela, del hermosísimo poema que en 1956, con ocasión del centenario, dedicó el poeta Arturo Echeverría Loría (bisnieto de Juan Rafael Mora), a la persona, figura y memoria de nuestro modesto y sencillo Héroe y Libertador.

Alberto F. Cañas
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