Enviar
Martes 3 Agosto, 2010

¿Avenidas peatonales o mercados persas?

Grandes esfuerzos ha hecho la Municipalidad de San José para devolver espacios a los que transitamos cada día por la ciudad capital. Algunas de esas áreas que logramos recuperar han sido las que en años anteriores fueron las contaminadas, llenas de carros, ruido y humo, avenidas central y cuarta. Dichosa, pero parcialmente, hoy son (o deberían ser) calles peatonales para disfrute de los transeúntes, que dicho sea de paso, cada día somos muchos más en la ciudad.
Lo malo de esta historia con principio feliz, es que a la gran cantidad de los que a diario circulamos por las mañanas por estas calles, rumbo a nuestro trabajo, se nos dificulta el paso, dado que debemos andar esquivando los cientos de plásticos y mantas negras que colocan extranjeros y nacionales para vender chucherías, copias de entretenimientos audiovisuales de dudosa calidad, panes caseros o nacatamales; además de gritar las benevolencias de sus mercaderías y cuando digo gritar, significa eso, gritar a todo galillo.
Por lo menos seis cuadras del bulevar de la avenida central y quizá a mayor escala sucede el mismo fenómeno en el bulevar de la avenida cuarta. Esos espacios que son de todos nosotros los transeúntes, son invadidos en las mañanas por cientos de vendedores informales.
Viendo a diario ese panorama tan desagradable, me pregunto si en las horas tempranas del día, las autoridades dan un espacio de tolerancia a la práctica de esa actividad comercial, o es que todavía la Policía Municipal y los encargados de velar por el orden no atienden sus obligaciones a esas horas mañaneras. Me cuestiono además, aparte de otros muchos asuntos que no funcionan en este país, por qué motivo las autoridades, tanto municipales como las nacionales de seguridad, no ponen orden de una vez por todas en esos espacios públicos.
El paisaje que nos toca ver cada día ya no se disfruta, es chocante. Ahora pasamos por ahí rapidito, como en fuga, contrario a lo que el ciudadano de a pie anhelaba, que era disfrutar de la ciudad, vivirla, cosa que en las circunstancias actuales no es posible o por lo menos no es placentero y menos relajante.
Muy probablemente todo esto es resultado de la tolerancia hacia esas prácticas mercantiles informales, callejeras que se arraigaron hace un par de décadas en nuestra tierra y que ahora realizan propios y muchos extraños que se han afincado en nuestro país.
La disciplina es nula, el orden es palabra incomprensible y da la impresión de que no hay autoridad, de que la ley es letra muerta y que el ejercicio correcto de esta no es cosa que importe o interese, que aquí a quien le dé la gana pone un chinamo donde se le antoje y nada sucede, porque existe, dizque el derecho al trabajo, al comercio, etcétera.
Hay que reconocer que el ayuntamiento josefino y sus jerarcas han hecho un esfuerzo por embellecer la ciudad de San José, pero deben ser más firmes, aplicar con mayor eficiencia y en conjunto con las demás autoridades nacionales, sus potestades jurisdiccionales y demás normativas vigentes en materia de comercio, trabajo y migración a quienes crean el caos y el desorden que desborda en fealdad, contaminación e inseguridad.
Lo que al fin y al cabo queremos los habitantes y transeúntes del San José moderno, verde y posible, es tener, precisamente eso, la posibilidad de caminar, de ver y disfrutar de una ciudad limpia verde y ordenada de manera cómoda y segura, sin tener que andar esquivando mantas llenas de chucherías cual mercado persa de quinto mundo.

Johnny Sáurez Sandí