Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 14 Marzo, 2012


Hablando Claro
¿Y el sentido común?

No resulta extraño que a un sujeto cualquiera (en este caso un ruso acusado en su país del supuesto delito de estafa agravada por malversación) acuda al expediente de demandar al Director de Migración y hoy Ministro de Seguridad Pública por haberlo ofendido con el pétalo de una rosa. Pero que la Corte Plena por unanimidad decida darle curso a la querella es un despropósito que raya en el absurdo. En los últimos días hemos asistido a un capítulo judicial de antología, que si no fuera por los recursos que nos cuesta a todos y por el flaco favor que le hace a la credibilidad democrática, podría servirnos hasta de chiste y mofa. Pero lejos está de hacernos reír.
Como dicen mis colegas de sucesos, los hechos se remontan al 2009 cuando en su condición de Director de Migración, don Mario Zamora se opuso a que a Otto Evgeny Konstantinovich se le concediera el estatus de refugiado, siendo que era requerido por la policía internacional Interpol. El alto funcionario dijo entonces que nuestro país no debía ser “santuario para todo aquel extranjero que delinque en su país”. La afrenta fue suficiente para que Konstantinovich lo demandara por injurias, calumnias y difamación. La causa siguió su curso y llegó hasta la Corte Plena que debía decidir si no constituyendo un delito, el caso debía desestimarse. Parecía lo lógico. Pero ocurrió todo lo contrario. La Corte Plena optó por acoger el informe del magistrado Jesús Ramírez y darle curso a la querella con lo cual, en teoría deberían los diputados decidir si le levantan la inmunidad a Zamora para que enfrente la acción de un señor que está preso en San Sebastián esperando la resolución final de su proceso de extradición.
El caso es retratado en toda su vergüenza por la Directora de la Defensa Pública Marta Iris Muñoz Cascante, quien afirma que si tan solo se hubiera escuchado en su momento al querellado (Zamora), el Instructor (Ramírez) hubiera tenido mayores elementos de juicio para considerar la procedencia de la desestimación de la querella. Pero si falló Ramírez, la Corte Plena se resbaló toda con él. Como sabemos, la Defensa Pública ha presentado un recurso de reconsideración “señalando algunos vicios procesales que han primado en detrimento de derechos fundamentales que le asisten” (a don Mario Zamora).
Aquí lo único que procede ahora es que finalmente el órgano colegiado enderece su entuerto y avale la reconsideración para archivar este “caso”.
El problema de todo esto no es solo el tiempo, el dinero y las energías perdidas en un asuntito que estoy segura a don Mario no le quita el sueño. El problema es que todos nos volvemos malpensados cuando acciona una querella un abogado que también fue en su día Director de Migración y conoce bien los recovecos legales del refugio y la extradición. Y cuando, peor aún, todo un órgano colegiado no se esmera en proteger los derechos de todos, que incluyen por supuesto los del Ministro Zamora.

Vilma Ibarra