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Sábado 26 Abril, 2014

Van 12 meses de Maduro, y Venezuela se ha convertido en el segundo país más violento del globo, según la ONU


El delito solo se soluciona con libertad

Que el Estado —que promueve a buena parte de los criminales— aumente la represión sobre el delito lleva a un crecimiento del crimen, en un círculo vicioso que, precisamente, es funcional a los estatistas que, con gusto, reprimirán… cuando les convenga, porque creer que la represión puede ser imparcial sí es utópico.
Por el contrario, la mejor solución “técnica” —científica— al crimen es la libertad. El principio ontológico es sencillo: la violencia es lo que “desvía” el curso natural de los acontecimientos, por tanto, ir contra la naturaleza mal puede ser beneficioso. Pero vamos a lo empírico.
Van 12 meses de Maduro, y Venezuela se ha convertido en el segundo país más violento del globo, según la ONU. Entre 2012 —todavía con Chávez— y 2013, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) los homicidios aumentaron un 20%.
Luego de que el Gobierno implementó unos 20 “planes de seguridad”, según cifras oficiales entre 1999 y 2013 los homicidios se triplicaron (según el OVV, se quintuplicaron). Eso sí, según el informe 2013 de la Fundación para el Debido Proceso, de los 317 presos políticos el 42% fue apresado durante la actual administración y un 58% bajo el mando de Chávez.
Desde 1998, coincidiendo con el proceso de cercenamiento de libertades ciudadanas, el crecimiento de la tasa de homicidios ha sido vertiginoso. En 2013, según el Gobierno se produjeron 39 muertes por cada 100 mil habitantes, para el OVV 79. Por el contrario, países cuyos ciudadanos gozan de mayores libertades tienen menores tasas de homicidios. La de Panamá, por caso, es de 16, mientras que Chile, según el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014 del PNUD, tiene el más alto Índice de Desarrollo Humano de la región, y la tasa más baja de homicidios, alrededor de cinco, según la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito.
Es que el estatismo, la falta de libertad, crea el delito. Primero porque las cargas impositivas abusivas —que aumentan con la represión que también potencia la corrupción y la arbitrariedad— crean pobreza al ser derivadas hacia abajo vía precios, por ejemplo.
Segundo porque al restringir libertades el Estado promueve el delito como cuando impone aduanas, contra la natural inclinación a comerciar, promueve a los contrabandistas. Luego, criminalizadas las personas, la reinserción social se dificulta alentando a que sigan delinquiendo. Mi madre siempre me dice que de pequeña no existían los narcos: es que la “guerra contra las drogas” la comenzó el Estado americano hace 50 años.
Además, la represión es ineficiente. El periodista Jorge Lanata en días obtuvo confesiones de sicarios que la policía estatal no pudo encontrar en cinco años. En Río de Janeiro los indicadores de seguridad están empeorando alarmantemente y ya van, desde 2007 según la ONG Rio de Paz, 5.677 muertes debidas a intervenciones policiales, alentando las habituales protestas de los vecinos que incendian autobuses y apedrean a la policía.
En su estudio “¿Cómo operan las mafias latinoamericanas en España?”, el periodista Guillermo Feres concluye que: “La grave crisis económica y el altísimo desempleo juvenil (consecuencia de leyes laborales coactivas como el salario mínimo que impide que trabajen los que ganarían menos, digo)… tuvieron una fuerte incidencia en la expansión (del)… crimen organizado, que también recluta a inmigrantes ilegales”, ilegalizados por el Estado, digo.

Alejandro A. Tagliavini
*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

https://twitter.com/alextagliavini (@alextagliavini)