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Los partidos políticos han venido funcionando como maquinarias para ganar elecciones, desvirtuando la razón de ser de la política y del Estado


¿Cuál es el origen de las fallas del Estado?

La reforma del Estado como única solución para resolver el problema de poder desarrollar una buena carretera a un precio razonable es la conclusión a la cual llega un importante análisis publicado por este medio el miércoles de esta semana.
Pero la situación, que no es obra por cierto de la presente administración, no han querido resolverla los gobiernos que han ejercido el poder. Más bien, en la administración anterior se aumentó de manera importante una planilla estatal que daba y sigue dando malos resultados.
Ese análisis reviste gran importancia porque razona punto por punto argumentos con datos reales y comprobables poniendo en evidencia como se han perjudicado seriamente proyectos para dotar al país de una red vial un poco mejor, por fallas en la forma de operar el Estado.
La incompetencia del Estado costarricense, asegura el análisis, es porque para que las cosas salgan bien “es necesario contar con un Ministerio de obras Públicas dirigido por expertos con el conocimiento de la historia de los proyectos así como de las mejores prácticas de todo el mundo”.
Esto es claramente evidente en nuestra historia de malos manejos que, entre otros múltiples aspectos, van desde la inadecuada elaboración de los contratos, la falta de previsiones necesarias y gestión acertada de expropiaciones, hasta la falta de buen seguimiento y controles durante el desarrollo del proyecto para asegurar la buena calidad del resultado final y su posterior oportuno mantenimiento.
Pero este problema, que afecta a la red vial, mantiene al país funcionando mal en varios ámbitos desde hace mucho tiempo. Y en todos los casos la raíz del problema es el mismo: incompetencia del Estado.
Los gobiernos han pasado por el ejercicio del poder sin hacer nada por solucionar el problema sino, por el contrario permitiendo que se agrave.
Es necesario aclarar, eso sí, que no debe generalizarse achacando los males a todos los empleados públicos, la mayoría de los cuales son probablemente excelentes colaboradores mal dirigidos, en entes donde los altos mandos equivocaron el rumbo, siguiendo una política que condujo a lo que hoy tenemos.
El problema no está únicamente en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Ha echado raíces en muchas otras instituciones públicas.
¿Dónde encontramos entonces la falla original? Tal como lo hemos venido diciendo en este espacio, la misma se inicia en el seno de los partidos políticos que han venido funcionando como verdaderas maquinarias para ganar elecciones, desvirtuando la razón de ser de la política.
Los nombramientos para dirigir instituciones deben recaer sobre los mejores hombres y mujeres de este país, nunca sobre amigos, partidarios, o por intereses particulares.
 

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