A muchas personas les gana la ambición a su propia inteligencia y sentido común. El ganar mucho, el hacerse millonarios con poco esfuerzo y de la noche al día con actividades delictivas les hace perder de vista la posibilidad de perderlo todo incluyendo la paz, la familia, el respeto social y la vida.
En el mundo de la honestidad el incurrir en actividades económicas delictivas implica asumir un riesgo infinito y frente a éste la respuesta es no incurrir en tales riesgos.
Hay tres reglas clásicas que rezan: los negocios son asuntos de números no de sentimientos o de argumentaciones ya que se puede ganar la discusión y perder el negocio. Nunca se invierte mucho ante la expectativa de ganar poco. Nunca se invierte todo para ganar mucho, sobre todo que no hay garantía de no perderlo todo. Vale la pena tenerlas en cuenta. En el mundo de la moralidad nadie debe buscar hacer dinero con prácticas ilegales, deshonestas, dañinas y perniciosas.
En estos días, unas fotografías nos han traído las imágenes de un joven oriental en compañía de una periodista conocida y una política de postín. Otra foto, la de la novia del personaje oriental, ha acompañado a figuras políticas de relieve en el país. Todo esto relacionado aparentemente con la declaratoria de victoria electoral del PPSO y en la toma de posesión de doña Laura Fernández Delgado. Todas las personas fotografiadas han negado conocer al señor oriental excepto su novia. La madre de sus hijos que también asistió y está fotografiada con autoridades electas no se ha pronunciado. Todas las personas interrogadas aseguraron no conocer el nombre ni haber estado en ningún momento en compañía del susodicho personaje. Todos argumentaron cómo las circunstancias y las tradiciones hacían que saludaran a miles y miles de personas a quiénes no solo no conocían, sino que, de haberlo sabido no los habrían saludado ni habrían posado con ellos para una foto. En dos palabras eran no solo inocentes, sino que descargaban toda responsabilidad de los hechos en tradiciones y costumbres políticas. Alguno de ellos lanzó la responsabilidad de dar respuesta a las incógnitas a terceros del PPSO. Daban la impresión de que nunca habían pensado siquiera en que figuras como el presunto lavador de capitales podía traer alguna sombra sobre su reputación., La lección de todas estas personas fotografiadas estriba en ser más prudentes, cautelosas y claro está desconfiadas siempre.
Por el combate del narcotráfico y del lavado de capitales las declaratorias de no conocer, de no haberse encontrado jamás con el dicho señor, expresadas éstas en la mayor ingenuidad, no son suficientes. Para aclarar el buen nombre de las personas en las fotografías se va a requerir la intervención aclaratoria de las autoridades del OIJ, de la fiscalía general y de las autoridades represivas que no estén subordinadas a las dichas personas fotografiadas. Por el combate del narcotráfico y del lavado de capitales las explicaciones deben de ser lapidarias e incontrastables no solo simples e ingenuas declaraciones. Este es un golpe a la confianza pública en la dirigencia gubernamental, antes que nada. Fotografiarse con un presunto delincuente no es prueba alguna de complicidad con él. No es prueba alguna de haber cometido un delito. No es probatoria de incorrección alguna. Es preciso señalar que más allá de las fotos, en el TSE no aparece este presunto legitimador de capitales como financista del PPSO.
La presidente de Costa Rica había acusado al Poder Judicial de estar penetrado hasta el tuétano por el narcotráfico. A renglón seguido aparecieron fotos de una persona a quien la DEA, la OIJ y la fiscalía general tenían en la mira y fue arrestada. El golpe para los que acusan de la penetración hasta el tuétano al Poder Judicial fue demoledor. Significa que se dio una vuelta inesperada y grave de los acontecimientos. Las declaraciones de algún ministro de “cuyo nombre no quiero acordarme” y de un antiguo director cooperativista de que tenían conocimiento de todos sus adversarios, que tenían una lista que dijeron incluía hasta sus preferencias, se vio cuestionada seriamente ya que no conocían del lavador de capitales ni de su nombre y ocupación. ¿Entonces? Vivimos tiempos siniestros.
Costa Rica debe de limpiar cualquier sombra sobre la reputación de quienes ejercen puestos públicos en momentos de una guerra frontal contra el narco. Nada debilitaría más significativamente esa guerra contra el delito que la pérdida de confianza en el liderazgo del país. Costa Rica debe ganar esta guerra contra el narcotráfico. Costa Rica debe de aplastar de manera decisiva a este tipo de delincuencia. Nada que tienda a debilitar la lucha y a nuestras posibilidades de triunfo sobre el narcotráfico y su herramienta del lavado de capitales debe de ser tolerada, y si acaso hubiera culpables que la pena de cárcel o la extradición a ultramar sean su castigo.
Emilio R Bruce Profesor



































