El gran aliado del gobierno de Rodrigo Chaves en la administración pasada no fue un ministro ni un discurso confrontativo: fue la economía. Este aliado empieza a cambiar de bando, y el margen de maniobra del gobierno de Laura Fernández tiende a reducirse.
«Es la economía, estúpido», resumió James Carville, jefe de campaña de Bill Clinton en 1992. Mi tesis es igualmente sencilla: la base económica, lo que los clásicos llamaban la infraestructura, define lo que la política puede hacer. Cuando la base es favorable, el gobierno puede darse lujos y abrir frentes con menor riesgo; cuando se deteriora, las restricciones son severas. Esto no es solo teórico e histórico: lo he vivido en carne propia, en mi experiencia de gobierno.
Un héroe en buena parte heredado y administrado cuidadosamente
El gobierno de Chaves recibió una casa ordenada, en buena medida, por otros. La regla fiscal (Ley 9635, de 2018), el acuerdo de US$1.778 millones con el Fondo Monetario Internacional (2021) y la Ley Marco de Empleo Público (2022) se aprobaron en la administración de Carlos Alvarado, quien pagó su costo político y heredó los beneficios a su sucesor. A varios nos ha tocado hacer esto en los recurrentes ciclos económico-políticos del país. A esa herencia interna se sumó un viento de cola externo. Estados Unidos, nuestro principal mercado, creció y el petróleo bajó de un promedio de US$81 por barril en 2024 a US$69 en 2025. El turismo se recuperó de la pandemia y la demanda de dispositivos médicos impulsó a las zonas francas. Además, todos veníamos de la tragedia de la pandemia, el país quería un cambio y estuvo dispuesto a darle al nuevo gobierno un amplio margen de confianza. El congelamiento salarial tampoco se decidió en Zapote, sino en la ley: la regla fiscal restringe los aumentos por costo de vida cuando la deuda supera el 60% del PIB, y así se hizo. Hasta el alza de tasas del Banco Central empezó antes, en diciembre de 2021; y en el nuevo gobierno, se produjo un aumento de la tasa al elevado nivel de 9% en octubre de 2022.
Los resultados fueron notables. La inflación, que tocó 12,13% en agosto de 2022, cayó por debajo del 2% desde mayo de 2023, hasta llegar a niveles deflacionarios. Con tasas altas, baja inflación y un fuerte ingreso de dólares por exportaciones, turismo e inversión extranjera, aunado a las colocaciones de Eurobonos, el colón se apreció. El dólar, que llegó a ₡696,76 en Monex en junio de 2022, se negoció en ₡452,08 el 30 de octubre de 2026, un 35% más bajo. Un colón fuerte abarató importaciones, combustibles y deudas en dólares y, por lo tanto, comprimió el componente importado del cambio de precios. Pero el colón fuerte también tuvo un costo severo para quienes ganan en dólares y gastan en colones. En el primer semestre de 2026, el turismo recibió unos ₡50.000 millones menos que un año antes, aunque ingresaron más dólares, y Canatur reporta una caída de 11% en el empleo turístico. La banca, sobre todo la privada que mantiene altos saldos de operaciones en dólares, también se vio afectada, y en general por una política monetaria conservadora. El fisco igualmente lo sintió: Hacienda redujo su proyección de este año en ₡98.000 millones en el impuesto sobre la renta y en ₡87.000 millones en el IVA.
Las exportaciones de bienes, por su parte, crecieron 14% en 2025 según PROCOMER, como dijimos, impulsadas por zonas francas y dispositivos médicos. Es razonable pensar que parte de ese salto respondió a envíos adelantados ante los aranceles de Estados Unidos; es decir, no necesariamente se trataría de ventas nuevas, sino de ventas futuras que se adelantaron y que no se repetirían en 2026.
Mientras tanto, el Banco Central más que triplicó sus reservas desde mediados de 2022, hasta US$20.215,6 millones al 28 de octubre de 2026. Mi lectura es que esta acumulación de reservas es, sobre todo, un seguro: una apreciación tan larga puede revertirse, y Costa Rica ya vivió el ajuste cambiario traumático de 1980-1981, que nadie quiere repetir. Esta vez el BCCR estaría mejor preparado para prevenir un eventual episodio de esta naturaleza, usando el seguro.
Mayores grados de libertad en el gobierno anterior
Con precios estables, colón fuerte, exportaciones dinámicas y reservas altas, el gobierno de Chaves pudo pelear con la Asamblea, el Poder Judicial, la prensa y las instituciones sin que la economía le pasara la factura. Administraron cuidadosamente ese margen Nogui Acosta, desde Hacienda, y Róger Madrigal, desde el Banco Central, bajo la clara dirección de Rodrigo Chaves, dada su experiencia en asesoría macroeconómica desde el Banco Mundial, donde fue director sectorial para la subregión del departamento de Reducción de la Pobreza y Gestión Económica para América Latina y el Caribe. En resumen, la lección es que buena parte del éxito político de la administración pasada residió en el cuidadoso manejo de una firme base económica de corto plazo, y que buena parte de esa base fue heredada o tuvo un origen externo.
El ciclo está cambiando
Las señales económicas a partir de 2026 apuntan en la dirección contraria, es decir, hacia una reversión del ciclo económico. He aquí algunos ejemplos:
Finanzas públicas. A agosto, el déficit del Gobierno Central llegó a 2,3% del PIB (2,0% un año antes), el superávit primario bajó de 1,1% a 0,8% y la deuda volvió a superar el 60%: 61,1% del PIB. El propio Ministerio de Hacienda, en su Marco Fiscal de Mediano Plazo, proyecta que la deuda alcanzará un 64% del PIB en 2030 y que no bajará del 60% en todo el período de gobierno. Esto quiere decir que no habrá aumentos salariales para el sector público durante todo el gobierno.
Exportaciones. Entre enero y setiembre crecieron 3,75%, frente a 15,4% un año antes: el menor avance en seis años.
Crecimiento. La economía creció 2,2% en agosto, y el Banco Central rebajó su proyección a 3,2% para 2026 y 3,3% para 2027, después de que creciera por encima de 4% anual entre 2022 y 2025.
Hogares. Según la Encuesta Nacional de Hogares 2026, el ingreso promedio cayó 3,8% y el del 20% más pobre, alrededor de 6%. La pobreza apenas se movió (15,4% de los hogares), contenida porque los precios bajos abarataron la canasta básica.
Precios. La inflación interanual volvió a terreno positivo en setiembre, y el diésel pasó de ₡606 a ₡808 por litro en tres meses, un tercio más. El golpe ya llegó al transporte, pues desde el 28 de octubre los pasajes de autobús subieron 6,87% y las tarifas de taxi también aumentaron. Y como el diésel mueve la carga, el alza termina trasladándose a los alimentos y demás bienes.
Ninguna de estas cifras representa, por sí sola, una crisis. Sin embargo, juntas reflejan un significativo cambio de clima: los motores económicos del período anterior se están apagando o desacelerando todos al mismo tiempo.
Laura Fernández tiene ahora menos margen
Por lo expresado, es evidente que el gobierno de Laura Fernández heredó la popularidad de su antecesor, pero no su economía. Heredó el final de su favorable ciclo económico. En consecuencia, mi impresión es que los «grados de libertad» para la acción política se irán reduciendo durante su administración por tres vías.
La primera es fiscal, lo cual es ya visible, como se muestra en el segundo presupuesto extraordinario de 2026. Ante una caída de cerca de ₡400.000 millones en la recaudación, el gobierno propuso recortar ₡168.000 millones y cubrir el resto con ₡187.000 millones de deuda nueva, sin medidas nuevas de ingresos y con recortes impopulares que ya están generando oposición. Según la Contraloría, el déficit de 2026 subiría a 4,8% del PIB, el mayor desde 2020. Que no haya ninguna propuesta creíble de ingresos refleja el límite político de las autoridades económicas: solo les quedan los recortes y la deuda. Con ingresos que no crecen e intereses que sí, cada promesa nueva compite con la regla fiscal y obliga a recortes políticamente sensibles. Y con la deuda de nuevo sobre el 60% del PIB, la regla vuelve a su modo más estricto, el mismo que congeló los salarios.
La segunda es social. La caída de los ingresos de los hogares, junto con combustibles y transporte más caros, presionará el costo de vida y la pobreza, mientras se perfilan restricciones en becas, transferencias, educación y salud. Según la reciente encuesta Oráculo V de Demoscopía, 74,9% rechaza los recortes a Avancemos, becas y alimentación. Los estudiantes universitarios también se han manifestado fuertemente en contra de los recortes a la educación superior, y resulta inexplicable, inaceptable y peligroso provocar un cierre técnico de la sede del TEC en Limón.
La tercera es externa: si las exportaciones se enfrían, el contexto geopolítico externo se agrava y los precios de los combustibles crecerían aún más (el diésel ya subió 33% en los últimos tres meses), el ciclo cambiario podría girar y el Banco Central podría tener que recurrir a utilizar parte del seguro que ha acumulado.
Prevenir turbulencia y promover la paz social
En este escenario, un estilo gubernamental confrontativo se vuelve más caro. Un gobierno con una buena base económica puede pelear con todos; un gobierno con una economía en desaceleración y sujeta a serios riesgos necesita acuerdos con la Asamblea, con los sectores sociales y productivos y con las instituciones para salir adelante. No hacerlo es riesgoso, como lo demuestran los apabullantes resultados de las elecciones de medio período de EE. UU.
Esta no es aún una predicción de crisis, sino de límites. La base económica fue el héroe silencioso del gobierno anterior. En este gobierno puede convertirse en su principal adversario. Al contar con menor margen, el gobierno se beneficiará de más diálogo, mayor tolerancia y menor confrontación. La decisión de archivar la adhesión al Acuerdo Transpacífico, presentada como una respuesta a las preocupaciones de los productores agropecuarios, quizá sea una señal.
Esperemos que tanto el gobierno como la Asamblea Legislativa, así como los partidos políticos y los sectores sociales y productivos, tomen debida nota de este nuevo contexto económico y sus consecuencias. Para prevenir turbulencia y promover la paz social será necesario crear espacios de negociación y diálogo, y reevaluar vulnerabilidades, oportunidades de acción y límites políticos de los actores en función de sus objetivos. Igualmente, sería útil conocer y discutir los planes de contingencia que el gobierno ha preparado para hacer frente a los riesgos que enfrentamos en materia económica y, de paso, discutir sus planes de mediano y largo plazo para transformar la economía nacional y mejorar el bienestar de los costarricenses.
Marvin Taylor-Dormond ocupó altos cargos en el Banco Mundial, el IFC, MIGA, el BCIE, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, además de ser viceministro de Hacienda de Costa Rica. Es doctor en Economía, especializado en finanzas públicas y desarrollo económico.





































