Ioanna Sahas Martin, Embajadora de Canadá en Costa Rica
Serhii Pohoreltsev, Embajador de Ucrania en México (concurrente en Costa Rica)
Dag Nylander, Embajador de Noruega en México (concurrente en Costa Rica)
Cada mañana a las 9:00 a.m., Ucrania se detiene.
En ciudades de toda Ucrania, los altavoces que normalmente se utilizan para alertar sobre ataques aéreos rusos emiten el constante sonido del tic-tac de un reloj.
Las calles, normalmente llenas de vida, guardan silencio.
Los semáforos se ponen en rojo. Los vehículos se detienen.
Por un minuto, todo un país hace una pausa.
Este es el momento diario de silencio de Ucrania, un acto nacional de conmemoración para honrar a quienes han perdido la vida en la guerra ilegal de Rusia. En los lugares de trabajo, hogares, escuelas, mercados y carreteras, los ucranianos hacen una pausa para rendir homenaje a quienes dieron su vida defendiendo la soberanía y la libertad de su país, y para recordar a los miles de civiles que han perdido la vida como consecuencia de la agresión rusa.
Ese silencio también refleja la ausencia que sienten miles de familias cuyos seres queridos aún no han regresado a casa.
Entre ellos se encuentran miles de niñas y niños ucranianos que han sido trasladados por la fuerza y deportados ilegalmente por Rusia durante la guerra. Separados de sus familias y comunidades, muchos han sido despojados de aspectos fundamentales de su identidad: su idioma, su cultura e incluso sus nombres.
Otros son civiles a quienes detuvieron ilegalmente en territorios temporalmente ocupados por Rusia. Muchos han sufrido represalias por enseñar su idioma, practicar su cultura, manifestarse contra la ocupación o compartir la verdad sobre lo que han presenciado. Algunos han sido trasladados a centros de detención en Rusia, donde permanecen retenidos sin el debido proceso, se les ha impedido con sus seres queridos, se les ha privado de atención médica adecuada y no tienen a su alcance mecanismos independientes de supervisión.
Para las y los prisioneros de guerra ucranianos bajo custodia rusa, las condiciones siguen siendo igualmente preocupantes. Quienes han regresado han denunciado malos tratos, mientras que organismos independientes han documentado abusos generalizados, incluidos actos de tortura y violencia sexual.
Estas no son consecuencias colaterales de la guerra de Rusia. Son violaciones reiteradas y ampliamente documentadas del derecho internacional, llevadas a cabo de manera sistemática con el fin de quebrantar la voluntad del pueblo ucraniano.
Detrás de cada caso hay una historia humana: un padre o una madre esperando a un hijo (a), una pareja esperando una llamada telefónica, una familia esperando el regreso de un ser querido.
Sabemos que la verdadera medida de la paz se encuentra en estas historias humanas. Se encuentra en cada niño o niña que regresa con su familia, en cada civil liberado de la detención ilegal, en cada persona prisionera de guerra que se reune con sus seres queridos y en cada comunidad que tiene la oportunidad de sanar y reconstruirse.
La magnitud de este desafío es enorme y ningún país u organización puede abordarlo por sí solo. El éxito requiere una cooperación sostenida entre gobiernos, organizaciones internacionales, actores humanitarios y la sociedad civil.
Por esta razón, Canadá, Noruega y Ucrania reunirán a ministros de Relaciones Exteriores y socios internacionales en Toronto, los días 28 y 29 de septiembre, para la conferencia Caminos hacia la Paz: Segunda Conferencia Internacional sobre el Retorno de los Niños Ucranianos, los Civiles Detenidos y los Prisioneros de Guerra (Pathways to Peace: Second International Conference on Returning Ukrainian Children, Detained Civilians, and Prisoners of War).
Sobre la base de los avances logrados en la Conferencia Ministerial sobre la misma temática, organizada por nuestros tres países en Canadá durante 2024, la conferencia reunirá a socios internacionales para apoyar los esfuerzos de Ucrania destinados al retorno, la rehabilitación y la reintegración de niñas y niños deportados, civiles detenidos y prisioneros de guerra.
En este sentido, reconocemos a Costa Rica y su firme y constante respaldo a los esfuerzos internacionales encaminados a defender el derecho internacional, proteger los derechos humanos y promover una paz justa, integral y duradera para Ucrania.
El regreso de todas estas personas es un imperativo humanitario y un elemento fundamental para cualquier proceso de paz, ya que contribuye a generar confianza y a sentar las bases de una paz justa, duradera y digna. Cada persona que regresa completa una familia. Cada familia reunida fortalece una comunidad. Y cada comunidad que prospera contribuye a la reconstrucción de Ucrania.
Cada mañana, millones de ucranianos hacen una pausa para recordar a quienes ya no están y a quienes aún no han regresado. En honor a ese recuerdo, y con extraordinario coraje e ingenio, también reparan lo que Rusia ha destruido, cuidan los unos de los otros y fortalecen las comunidades que la agresión rusa ha intentado desintegrar.
Esperamos que Caminos hacia la Paz/ Pathways to Peace movilice a la comunidad internacional no solo a acompañar a Ucrania a honrar el recuerdo, sino también a actuar junto a ella para ayudar a traer de regreso a cada niña y niño deportado, cada civil detenido y a cada persona prisionera de guerra.



































