Enviar
Sábado 16 Octubre, 2010

“Yo decidí vivir”

El cáncer de mama es una enfermedad que nos ataca a cientos de mujeres en todo el mundo, nos cambia la vida a muchas y a miles se las quita. Hace seis años, mi vida cambió en cuestión de días. A los 33 años se me diagnosticó cáncer de mama, situación que jamás imaginé que iba a pasar, mucho menos a una edad tan temprana.
En 2004, asistí a una consulta al ginecólogo por exámenes de rutina, el doctor me detectó una pelotica más pequeña que un grano de arroz en el seno izquierdo, en ese momento se vio como algo normal, pocos meses después regresé al notar que aquella pelotica había crecido, tras una mamografía y una biopsia, me dieron la noticia de que tenía cáncer de mama.
La manera en que las mujeres afrontamos esta terrible noticia es variada, lo inevitable es asociarlo como un dictamen de muerte. Para mí no dejó de ser una situación fuerte y dolorosa, que cambiaría mi vida. Sin embargo, las ganas de vivir, el tener control propio de mi vida, mucha fe en Dios y recibir el apoyo de mis familiares y amigos, fueron los elementos principales que me han impulsado a seguir luchando por vivir.
Todos los días trato de ser fuerte y seguir adelante. Como mujer, el pasar por una mastectomía, someterme a quimioterapia, perder el cabello, cambiar radicalmente mi estilo de vida, dejar de trabajar y alimentarme diferente, es tan solo una parte de lo que afrontamos las pacientes.
Esta enfermedad es desgastante, en mi caso, desde el principio tuve la dicha de que recibí el tratamiento de quimioterapia a través de un Port a Cath o catéter, dispositivo que se me colocó bajo la piel del tórax, para administrarme la quimioterapia, esto ha contribuido a mejorar mi calidad de vida, ya que el proceso de quimioterapia es doloroso y puede traer consigo lindefemas, un tipo especial de retención de líquidos que se manifiesta en forma de hinchazón, molestia general, pérdida parcial de movilidad y deformaciones. Lamentablemente, no todas las pacientes reciben el tratamiento de esta manera, en su mayoría es a través de las venas del brazo contrario al seno operado.
He visto en el hospital mujeres a las que tardan más de una hora en encontrarles una vena para aplicarles el tratamiento, cuando las opciones en los brazos se agotan, recurren a otras partes del cuerpo haciéndoles el proceso aún más traumático y doloroso.
Muchas pecamos de ignorancia al no realizarnos mensualmente el autoexamen de mama, por dejar pasar el tiempo sin ir a consultas al ginecólogo, descuidar nuestra alimentación, ser esclavas del sedentarismo y manejar niveles altos de estrés, todos factores de riesgo asociados al desarrollo de cáncer de mama.
Como paciente, recomiendo a las mujeres que pasan por este proceso disfrutar la vida, aprovechar cada instante con las personas que aman, hacer ejercicio y actividades alternativas que les ayuden a afrontar la situación, cambiar definitivamente el estilo de vida y mantener una actitud positiva.
El padecer de cáncer no nos imposibilita de realizar actividades diversas y plantearnos metas. Hace unos meses escalé el cerro Chirripó, algo que deseaba desde hacía mucho tiempo, lo que me confirmó que los límites los imponemos nosotros, yo decidí vivir y hago todo lo posible para disfrutar cada instante de mi vida.
Actualmente soy parte del Movimiento Rosa, iniciativa impulsada por Auto Mercado, empresa para la cual laboraba en el momento que me diagnosticaron. Me he involucrado con esta iniciativa, y este año los fondos recaudados nos permitirán dotar a mujeres de escasos recursos de un catéter, para recibir como yo, la quimioterapia de una manera más digna y menos dolorosa. Usted también puede unirse a la lucha por la vida.

Giovanna González
Sobreviviente de cáncer de mama