Al León le faltó mayor ambición para morder a un rival herido muy temprano, al que pudo quebrar en su retaguardia, con mayor peso ofensivo del equipo.
Suponemos que Óscar Ramírez, su cuerpo técnico y los miles de seguidores del Alajuelense que abarrotaron las gradas de La Catedral, no tenían presupuestado el gol de Santiago Van der Putten en el desayuno del juego contra Los Ángeles.
Esa anotación sorpresiva e inesperada no motivó al “Machillo” a cambiar la planificación y la estrategia táctica que había preparado para este complicado duelo, frente a un rival potente, bien armado y repleto de figuras de alta gama.
El 1-0 en favor de los anfitriones no era un resultado dramático ni mucho menos catastrófico para las huestes del técnico Mark Dos Santos. Su equipo solo necesitaba un gol para dejar el asunto equiparado y lo logró, como en el juego de ida, muy temprano en el segundo tiempo.
Pero, un 2-0 en favor del Alajuelense, si pegaba duro en las intenciones de Los Ángeles de sobrevivir en el Morera Soto.
La Liga no atacó a su rival, para herirlo temprano y prefirió que su retaguardia cumpliera con ese partido perfecto que bien lo dijo el “Machillo”, urgía que jugaran sus discípulos para no hundirse contra un rival de otro nivel, repleto de argumentos ofensivos y que, como en el juego de ida en Los Ángeles, los iba a atacar por todos los flancos del terreno de juego.
Y si repasamos que el portero Washington Ortega, ni por asomo se vio obligado a repetir sus determinantes intervenciones del juego en Los Ángeles, se debió a que en mucho su retaguardia jugó ese partido perfecto que planificó su técnico.
La Liga trabajó para sostener su marco en cero, ganando el juego 1-0, no se apresuró en buscar el segundo gol, sino que se concentró en defensa. Primero un 5-4-1, pero después de que Nathan Ordaz empató el juego 1-1, el León se atrincheró y formó un muro humano de siete hombres en línea delante de Ortega, dos en el medio campo, Bran, Anthony y Zaldívar distrayendo a los centrales Porteous y Tiffani.
El partido se enfilaba a los tiempos extra; Los Ángeles no hallaba la ruta del gol, atascado entre tanta pierna enemiga y once guerreros corazón de acero.
Hasta que a medio minuto del final, llegó la raya del venezolano David Martínez, aprovechando una autopista libre que dejó la defensa manuda, que no achicó y permitió ese mortero del suramericano, quien firmó la sentencia del juego.





































